Nocturno
Se ríe a carcajadas con la boca desdentada.
Se encuentra más allá del bien y del mal

Es el fin, bajo la lluvia y el maullido salvaje del asfalto que vaporiza. El deshecho del mundo que se va convirtiendo en un paisaje cotidiano. Con la esperanza bajo el brazo a la espera de algún aliciente. Se acuesta boca arriba, saboreando las gotas de lluvia, el sabor ácido (ya no hay lluvia limpia),
En su mente aturdida las imágenes se sucedían interminables:
Volteó la cabeza para ver por última vez la cerca de piedra. Una lágrima se le escapó abriendo las compuertas incontenibles. Sacudida por el llanto comenzó a humedecer la tierra seca. Lágrima tras lágrima fue recorriendo el camino hasta cruzar el puente. Los flamencos asustados se escabulleron. Mientras el incontenible caudal salado encharcaba el suelo pétreo, convirtiéndose en un enorme charco, hasta chorrear en diminutas cascadas por el puente, mezclándose con el hilo del arroyo casi seco
Se ríe y llora, ve su piel pegada al hueso, siente la lluvia como aquella vez, la última. Sus ojos grices se van apagando.
Flota en el charco que deja el agua a su alrededor y en el último instante antes de abandonarse a la nada recuerda que los fríos adoquines se irán tibiando, cuando las mujeres de blanco se la lleven una vez más por el pasillo blanco, a la cama blanca y la encierren como cada tarde entre esas cuatro paredes blancas, ahí donde todo es blanco.

















