Publicado en Apocatástasis

Certeza


“Te miro dormir. Y luego tus ojos se abren. Me ves mirándote y sonríes.

Sonríes. Cuando abro los ojos te veo mirándome y sonrío.

Estamos en un lago.

Es primavera.

Te abrazo. Te caliento.

Cuando abro los ojos te veo mirándome  y sonrío”

Pinter, H. La lengua de la montaña

Escribo, porque las palabras me van llevando por rumbos desconocidos.

Me acerco a tí, observo esa sonrisa y recorro tus labios con mis dedos. Me gusta esa sensación tibia, tu cuerpo cobijándome, como si se abriera un paréntesis para nosotros. El mundo se borra y por instantes somos uno.

Me hundo en tus ojos, traspasando esa oscuridad de tus pupilas que parecen esas noches de las que no quiero salir.

Huelo tu cuello, queriendo que no se borre nunca ese olor, que permanezcas así, tan cerca, tan cálido, tan tu.

Entonces sé que estoy en el camino correcto y me dejo caer nuevamente en esa sensación embriagadora que nos pertenece.

chetumal Rubi
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica Artista: Rubí Estrada Chablé
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Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Ensoñación / jirones.


Entonces: Los sueños.

20. gratitud 2017-04
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Desde hace días tengo sueños extraños. Superficies inestables, los pies en el lodo. Incertidumbre.

Es que cuando quieres a alguien, es duro desapegarse. Porque das cierto poder a la persona con la que decides compartirte.

¿Cómo hacerle para no esperar, para darse así, sin condiciones?

Existe una delgada línea entre darse y perderse.

“Respeto las dosis homeopáticas de amor que me he prescrito” Malzieu, M.

Publicado en Apocatástasis

Los del 2017


“Y esa palabra creció tanto entre sus manos que se les escapó inevitablemente entre los dedos”

Ruy, A.

catalogo
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Va que no había puesto nada, porque fue un año atípico. Curiosamente leí menos, pero fui mas selectiva. Inicié el año con varios textos que van avanzados, unos más, otros menos. No significa que el número de textos sea mejor o peor, sólo significa que este año tiene más oportunidades de seguir hurgando entre los estantes de la biblioteca y de las librerías, para cazar letras y letras que me lleven a descubrir nuevos horizontes, o como pasó este año, a buscar nuevas metas.

Comparto éstos, que fueron pocos, pero todos me dejaron algún aprendizaje.

  1. Los años sabandija / Velazco, X.
  2. El infinito en la palma de la mano / Belli. G.
  3. Historia de un perro llamado Leal / Sepúlveda, L.
  4. Hacia un buen envejecer / Zarebski, G.
  5. El mensaje de las lágrimas / Payás, A.
  6. Feminismo para principiantes / Varela, N.
  7. El jardinero fiel / Pinkola, C.
  8. Secretos de una mujer casada  / Ayers, J.
  9. Mujer que piensa / Herrera, C.
  10. Viajeros en tránsito / Herraso, I.
  11. En busca del útero perdido / Rodríguez, P.
  12. Los jardines secretos de Mogador / Ruy, A.
  13. El ejecutivo al minuto: nuevas técnicas de dirección. / Blanchard, J.; Johnson, S.
  14. Piense y hágase rico. Para mujeres. / Lechter, S.
  15. Cuentos para pensar / Bucay, J.
  16. Hábitos de ricos / Gómez, J.

Los del 2011

Los del 2012

Los del 2013

Los del 2014

Los del 2015

Los del 2016

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Ciclo


“Y esa palabra creció tanto entre sus manos que se les escapó inevitablemente entre los dedos” Ruy, A.

Un año intenso, contrastes, de pérdidas, de nacimientos.

Me descubro, deconstruyo y reconstruyo. Como si en ese trayecto fuera el comienzo de algo.

Morelos, Sinaloa, Jalisco, CdMx me recibieron, aprendí, conocí personas, sembré mi granito de arena.

Ahora, desde aquí, estoy a punto de partir de nuevo, de vuelta a casa, para despedir a una hermosa bruja que partió hacia nuevos senderos y recibir a un pequeño que apenas llega al mundo.

Hada y Dwende aprenden a vivir sus vidas y el hombre que me permite acompañarlo en su vida, estará ahí, porque así lo desea, en la libertad de construir algo juntos.

Agradezco a la vida, tanto aprendizaje ¡Aho!

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Uno mas


La ciudad de los pozos

5. Nubes
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta.

Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes… pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban excavados, sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior).

Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.

La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.

Un día llegó a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblito humano.

La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se preciara de serlo debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no era lo superficial sino el contenido.

Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas.

Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente, los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Pasó el tiempo.

La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más.

Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior…

Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.

No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. Él pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad…

Quizá a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho, sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido…

Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.

Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho…

Un día, sorpresivamente, el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: ¡Adentro, muy adentro y  muy en el fondo encontró agua!

Nunca antes otro pozo había encontrado agua…

El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y, por último, sacando agua.

La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.

Las semillas de sus entrañas brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después…

La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar “El Vergel”.

Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro.

-Ningún milagro – contestaba el Vergel -, hay que buscar en el interior, hacia lo profundo…

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas…

En la otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr también el riesgo del vacío…

Y también empezó a profundizar…

Y también llegó al agua…

Y también salpicó hacia afuera creando un segundo oasis verde en el pueblo…

-¿Qué harás cuando se termine el agua? – le preguntaban.

-No sé lo que pasará – contestaba. Pero, por ahora, cuanto más agua saco, más agua hay.

Pasaron  unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.

Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma…

Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.

Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.

No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:

La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el valor de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar…

Bucay, J. (2004) La ciudad de los pozos. En: Cuentos para pensar. (p 103)

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Ciclos vivenciales


Me he topado con este pequeño texto de Jorge Bucay, que me pareció importante para meditarlo largamente con muchas tazas de café.

Ha nacido hoy de madrugada

viví mi niñez esta mañana

y sobre mediodía

ya transitaba mi adolescencia.

Y no es que me asuste

que el tiempo se me pase tan aprisa

solo me inquieta un poco pensar

que tal vez mañana

yo sea

demasiado viejo

para hacer lo que he dejado pendiente.