Cuenta regresiva


“¡Ocles! ¡Dama Ocles, para resumir! Mi espada es de sobra conocida”

Malzieu, M.

Han sido lanzados al aire los dados, es este azar donde la puntuación no siempre nos favorece. Muchas veces no importa qué decisiones se tomen, cuánto se planeen o qué se espera. La vida es.

El último trayecto ha sido contradictorio, de entrar a un tirabuzón que parece no acabar y de poner en la balanza lo que se tiene.

Todo inició con una propuesta, un saltar hacia lo incierto y continuar avanzando sobre algo similar a la arena movediza.

Es como estar en un cuento de Poe, donde el péndulo o espada de Damocles (elija el que guste) oscilan sobre mi cabeza y dentro de poco se revelará un camino nuevo.

El dolor de la traición se ha mitigado, me alegra ver cómo ha cicatrizado rápidamente, a final de cuentas una traición no me ha matado antes y no lo logró ahora.

Entrar al Dimondstar me ha provocado un sensación de oscuridad que vengo cargando hasta hoy. A la vez, recuerdo el oscilar tenue del umbral, el brillo apenas perceptible en su continuo y suave movimiento, hipnótico. Caer en su  tentación, es precipicio.

Dentro de todo, es ese paso ineludible, entre apretar el nudo o soltar las amarras y acabar de caer.

La cuenta regresiva, el tiempo sobre el tiempo, que avanza inexorable y me obliga una vez más a alzar la vista al infinito. ¡Confiad y esperad!

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica. Instalación sonora en bucle de 24hrs.

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Desértico


Estoy fuera, con un montón de datos que debo recolectar, una serie de actividades que se suceden sin tregua y andares que me alejan unos días de mi tierra.

De desierto a desierto, hermanados. Con esas tierras blancas pobladas de cactáceas y ese calor que se clava en la piel, inclemente.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

A veces, cuando estoy en situaciones similares, me sorprendo. Es increíble la forma en la que me es permitido ir y venir, conocer nuevas personas, entrar a sus espacios, conocer sus actividades. Espero que aún me queden muchos sitios así por recorrer, muchas más invitaciones que aceptar.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Luego de una jornada completa, es preciso alzar los pies y dibujar nuevos caminos. Dejo que los edificios me hablen, hace un lustro que estuve aquí, pero hay sensaciones que perduran.

Encontrarme de nuevo con esos arcos arabezcos, tan únicos. Adentrarme en ese edificio de piedra rosa con el altorrelieve que me cuenta la historia del lugar, con ese danzante que lleva en su cabeza un tocado de venado, grandes astas. Como recuerdo de aquellos ancestros celtas y su símbolo venerable.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Ahora, la oportunidad del enfrentamiento con la lluvia de caracolas, en ese espacio tan lleno de luz,  con amplias salas llenas de cuadros, esculturas, instalaciones. Ese acercamiento con las artes que siempre nutre, que me inunda de sensaciones que debieran perdurar, pero que sé efímeras, por lo tanto disfrutables.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

El contraste en el Diamondstar donde la oscuridad, el silencio y esos pequeños destellos, me conmovieron, dejándome absorta en mi propio mundo. Por instantes desee cruzar esa umbral y perderme para siempre en él. Punto de no retorno.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.     Instalación sonora en bucle 24 hrs.

También hay un lugar en el que el alfabeto sale de su estado bidimensional para hacerse trangible de nuevas formas. Todo el equilibrio y la concepción de un lenguaje nuevo, de letras convertidas en figuras amplias, matemáticas, minimalistas. Abriendo las posibilidades a frases nuevas, que poco a poco deberán ser descifradas.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Así también llega el momento en que los muros se convierten en lugares coloridos, donde las imágenes me nutren las pupilas. Donde las aves y los reptiles conviven. Una Casiopea me alegra la noche y me hace recordar la importancia del tiempo.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica. Descubrimiento de una Casiopea desértica.

Pero como siempre, es momento de volver, quizás cansada por los cambios, las noches, los horarios, el quehacer. Pero viva, tan viva que llevo el sabor de las coyotas con un rico café, para compartir.

 

 

Trazos


Volar entre las letras, esperar con paciencia el tiempo del tiempo. Caer en ese momento de latidos constantes.

Permitir que el aire fresco entre por las puertas, por las ventanas. Que la lluvia moje la tierra y a mí también.

Estar atenta a las personas que llegan de pronto a mi vida y me nutren, también despedir y agradecer a las que se van. Abrir las alas y disfrutar de esos pequeños detalles.

Llegar a esa delgada línea que nos lleva a la locura, atisbar por sus intersticios y saber que hemos ido a ese terreno movedizo y hemos vuelto.

Dejar que tu mirada sea esa radiografía que me entibia el cuerpo, que tus manos sean descubrimiento, que tu piel sea una vez más territorio.

Volver la palabra algo más que un vehículo. Dejarla que sea también elemento, herramienta, canto, hechizo.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Repentino


“En un papel guardo el recuerdo

y de la raíz que le crece

se derrama mi silencio.

Gómez, M.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Nunca sé de dónde llega ese sonido. Pero de pronto me envuelve y me siento tranquila.

A veces se mezcla con el viento, otras con cancioncillas que se me pegan y me traen con la cabeza dando vueltas.

Últimamente es el recuerdo de tu cercanía, tan musical, tan lejana y a la vez aquí pegada a mi lado.

Es el olor fresco de la lavanda y el romero, bañados en lluvia. O el incienso de rosas o de cerezas.

El latir en mi pecho me recuerda que sigo viva. Respiro lentamente asegurándome que mis pulmones se llenen completamente.

Es en ese momento cuando debo recordar que esto que siento es mío y que no estás para cumplir mis expectativas, ni yo las tuyas.

Pasa el tiempo y sigues ahí. ¡Increíble!