Publicado en Tita

Recuerdos


El camino serpentea, seco y pedregoso, aún no existe forma fácil de llegar ahí. Desde la colina se puede ver el valle, los grandes álamos haciendo guardia eterna y homenaje, a la fuerza del caudal del río. Las cercas de piedra que dividen las parcelas de tierras multicolores.

Ese silencio que obliga al respeto religioso por la vida. Y al volver la vista se encuentra la misma reja oxidada, que marca la breve línea que separa la vida de la muerte. Apenas cerrada por un grueso clavo que alguien torció en forma de herradura. La puerta cruje, sus goznes se han ido resquebrajando con las inclemencias de los elementos.

Ahí perfectamente alineados, se encuentran los montículos que delinearon en algún momento ese pasado que se ha derramado entre mis dedos. Unos a otros se acompañan en su silencio, cubiertos de mármol, la historia de aquellos que ofrecieron sabores a mi vida queda apenas esbozada en breves epitafios.

Imponente la tumba de mi abuelo me reclama mi ausencia, entonces le pido disculpas por mi falta de atención, pero le doy gracias por haberme llamado una vez más, a cumplir la promesa hecha hace siglos, un atardecer junto a uno de tantos cercos de piedra.

Recorro con la vista mi alrededor, uno a uno, esos anuncios de mi destino me señalan nombres conocidos, no esta sólo, lo acompañan sus hermanos. La familia ha terminado reunida alrededor de esas hectáreas de tierra. Apenas separados unos metros. ¿Cuántas lágrimas han humedecido sus memorias? ¿Cuántos duelos nos hemos atrevido a enfrentar?

De nuevo el silencio apenas roto por el silbido sutil del viento, que delimita su territorio con fiereza. Desde ahí, frente a ese frío monumento, recuerdo que mis raíces estan firmemente enterradas en esas tierras. Que no importa cuanto pueda permanecer en una urbe que tortura a la tierra viva con su asfalto y su concreto. Ahí volveré algún día, cuando mis vestiduras de piel y huesos se transformen en nada, cuando la ceniza en la quede reducida, se esparza entre esas tumbas desde las que me espera esa maravillosa vista al valle.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

2 comentarios sobre “Recuerdos

  1. Curioso, siempre pensé que descansaría al pie de alguna de esas colinas que las nubes acarician… allá, a 10 minutos de donde nací. Hoy solo se que espero esparzan mis cenizas en el océano de occidente.

  2. En el eterno regresar a cavar un poco la última morada.
    Donde los álamos fieles escoltan un destino y un porvenir.
    Nada mejor que la soledad que acompaña las visitas olvidadas.
    Nada mejor que el silbido del viento y la vista al valle.
    ¡ah, ese valle!

Platícame que piensas de lo que escribo.

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