Publicado en Taller, Tita

Volvio a suceder


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Leía un ejercicio para el taller de Lorena:

Ejercicio 675.- AUTOMÓVIL. En tu automóvil, pasas frente a un lugar que fue importante en tu infancia. Escribe cómo lo encuentras.

Entonces volvió a suceder. De nuevo me ví ahí, siguiendo ansiosa el cerco de piedra, con mi padre al volante, piedra sobre piedra.

Allá abajo, el lugar. Los álamos siguiendo el cauce del arroyo, las grullas blancas con los picos metidos en el agua.

Una a una fuí nombrando las casas, tantas veces visitadas. La plaza con su kiosko destruído. La iglesia. Los hombres de mi tierra jugando a la baraja en la banqueta. Dándonos la bienvenida.

Los nombres siguieron, pronunciados conforme continuaba mi camino hasta la acequia. Me ví frente a casa de mi Tita.

Abrí la puerta y pude caminar en cada espacio. Su gruesa puerta de madera, con aldabón de hierro. El silloncito de plástico tejido. El cuarto de mi abuelo. Ahí donde solía pararme a escuchar el viento. El cuarto azul, donde veíamos los árboles de duraznos. El comedor de los helechos, donde mi abuelo tomaba su café en la tarde, mientras fumaba su cigarro y leía sus novelas de vaqueros. La cocina donde mi Tita preparaba el desayuno, torteando la harina para las tortillas. Donde todos los sabores se esparcían por la casa hasta hacernos despertar.

La ventana donde se veía el campo, el cuarto grande donde nos sentábamos en las tardes a descansar, mientras afuera se escuchaban los murmullos de las pláticas. El arriar de los animales, el silbido de los hombres a caballo.

El patio, desde donde el cielo me mostraba su abundancia.  Donde por las noches nos acostábamos en el piso a ver las estrellas. Caminé hasta el corral, para darle comida a los animales. Y mi abuelo me extendía la mano para darme un tazón de leche recién ordeñada.

Estaba ahí, podía escuchar esos sonidos que se quedaron grabados en mi mente. Las voces, las risas, las pláticas. Estabamos todos, reunidos como antes. Y tu mesa llena, con toda esa comida rica que sólo tu preparas. Tus migas, la cuajada, el agua de calabaza, las ruedas, los chuales, el chile pasado…

Recorrí cada espacio, como si fuera ayer, como si sus puertas no se hubieran cerrado hace tantos años, como si el polvo, el olvido y las alimañas no se hubieran instalado ahí.

Entonces se desbordó el cauce que me hace volver a buscar ese tiempo, que se quedó atrás. Y pensé en lo egoístas que hemos sido, al sacarte de ahí. Al traerte de un lado para otro. Al prohibirte que vayas.

Al no querer que vuelvas a sentarte al atardecer en la puerta, con tu mirada gris, tus manos cansadas. Entonces lloré, como aquella noche en que comencé a escribirte. En que llené aquellas páginas de los recuerdos que me negué a entregarte hasta armarme de valor.

Pero ahora tengo miedo, algo es diferente y no me gusta.

Tita, no hay otro lugar más maravilloso del mundo que tu casa, esa casa que cerramos, donde ya no hay sonido.

Y me niego a dejar que pase el tiempo, me niego pensar en la idea de volver sólo por que tu hayas decidido partir. Me niego a abrir sus puertas sólo para llorarte.

Así que haré algo, tal vez  descabellado, para que puedas estar cuando menos una vez más ahí. En el lugar donde dejé un gran pedazo de mi vida, junto a la tuya.

Taller L. San Millan: 10

Más de Tita:

  1. Viaje a mi pasado
  2. Recuerdos
  3. La casa
  4. Hombres de mi tierra
  5. Volvió a suceder
  6. Abuelo
  7. Mirada al viento
  8. Si el olor se guardara
  9. Recuerdos de Tita
  10. Sabores
  11. De mi tierra
  12. Sorpresivo recuerdo
  13. Desde la tierra de Jauja
  14. Esa querencia por la tierra
  15. Noventa años son un largo camino
  16. Ese polvo de mi tierra
  17. Versos de antaño
  18. Las cosas que me fascinan de Tita
  19. De vuelta al todo
  20. Días para Tita
  21. Vuelvo de Jauja
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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

4 comentarios sobre “Volvio a suceder

  1. hola hola, en efecto ese es el pueblo, hermoso lugar que aunque uno vuelva despues de mucho tiempo sigue siendo el mismo lugar con tantos recuerdos.
    Ojalá pudieara ir con ustedes

  2. Jajajajajaaj….. ese Tlaloc. el ejericicio es: En TU AUTOMOVIL… pasas sobre un lugar equis de tu infancia, describelo actualmente.

    y el bruto.. porque es bruto: ESCRIBE TODO LO CONTRARIO.

    o SEA,

    Ejercicio 676 AUTOMÓVIL. Pasas frente a un lugar que fue importante en tu infancia. Describe cómo lo encuentras.

    Por eso el idiota escribió del automovil que vio hace mucho tiempo, EN UN LUGAR DE SU INFANCIA.

    Nada mal para un principiante de escritor como el.

    Saludos a Fernandita.

  3. Verde!!

    Ahí estaba la camioneta 1942. Una Ford verde militar de las pirmeras que llegaron a esta playa de Bora Bora. Durante la ocupación norteamericana y en medio de los bombarderos japoneses que parecían abejorros enfermizos, mi padre y yo fuimos un día a la carretera del Atolón de donde se mira al base aérea de Wapetéé.

    Ahi estaba con un montón de escombros rojos y grasosos, un olor a carne fresca que aún no se me quita ni cuando atiendo las parturientas.

    – No te acerques Quinito- me dijo Katja, mi hermana mayor.
    – Son prisioneros de guerra descuartizados.- remató.

    Yo aún no alcanzaba a mirar ni siquiera el platón trasero de la camioneta. Mi estatura a esa edad, no me daba sino para apoyarme en una de las llantas. Como pude, realizé uno de mis primeros y más antiguos actos malabáricos, me posé sobre la única palanca de apoyo y fue cuando lo pude constatar.

    – Quinito, bájese de ahí que se va a traumar.

    Era cierto. En ese tiempo no había Tarantinos, ni Kitanos para recrear la escena dantesca que tenía ante mis ojos. Pero sí. No había de otra, un montón de cuerpos parecidos a las reses ahí “marinaban a la intemperie” y lo mejor, debo confesarlo es que era cierto, carne humana en descomposición, lista para vertir en una fosa común.

    Un letrero grande decía:

    “Se da trabajo de sepulturero para fosas comunes”

    Y mi padre, no podía desaprovechar la oportunidad. Al fin y al cabo, el último “monzón” nos había dejado muy mal parados. La casa había sido derribada por una ventisca insufrible, se había llevado las dos lanchitas que ya tenía el viejo, con las que pescaba y nos arrimaba la comida. En esos días, no había podido subirse con el “tiburonero” y por eso, aquella tarde, decidió ir a trabajar al improvisado cementerio.

    Hoy que vengo de visita al panteón y me encuentro con este aviso, tengo la visión borrosa. A lo lejos, un calendario de brisa marina y lluvia del pacífico sur me avisa que la memoria es implacable. Huelo la carne despedazada de aquellos prisioneros y una especie de armatroste viejo, atraviesa mis pupilas dejando entrever que este atolón desde donde les escribo es cada vez más verde que aguamarina.

    “Parece que fuera verdá que la estuviera viendo”…

Platícame que piensas de lo que escribo.

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