Publicado en Tita

Abuelo


Por ser el culpable de recordarme a mi abuelo, un campesino bonachón,
que fumaba tabaco y jugaba dominó por las tardes. Que se tomaba su taza de café junto al ventanal del comedor, siempre viendo hacia “las mesas” en un pueblito polvoso, que se murió de pronto, una tarde en que al abrir los ojos no pudo ver nada.

puente

Mis abuelos eran personas sencillas, campesinos que habían luchado mucho toda su vida, mi abuelo además era Policía Rural, yo la verdad nunca lo vi vestido de uniforme, pero si recuerdo su fusil y las armas que siempre tenía. Además del sombrero tan necesario para todas sus actividades.

De mi abuelo recuerdo sus pies con huarache de suela de llanta y cintas de cuero, su café de media tarde, su avena con plátano y chocolate, su cigarro que insistía en darnos a probar. También sus novelillas de vaqueros que lo ensimismaban algunas tardes.

Su saludo vespertino y su despedida antes de ir a jugar domino por las tardes en la casa del tío Juan. (Mi tío tenía una tiendilla y nos regalaba unas galletas duras cubiertas de azúcar glass amarillas y rosas, en el mostrador de madera tenía unas placas de lámina las cuales resonaban con el dominó)

El solía levantarse muy temprano para ir a la labor, a sembrar lo que el temporal permitía. Hacía grandes surcos con la yunta. Algunos veranos nos llevaba a fertilizar  la labor o a las mesas, pero por lo general terminábamos jugueteando entre los surcos y con las manos apestosas del fertilizante.

Al regresar a la casa jurábamos que habíamos trabajado tanto que merecíamos un descanso, sin embargo lo único que conseguíamos era un buen baño y una deliciosa cena. Que la mayoría de las veces consistía en un buen vaso de deliciosa leche bronca y panes, frijoles o alguna otra cosa que hubiera quedado a medio día.

Otras veces había que ayudarle a pizcar el maíz y al final del día, cuando el sol se comenzaba a meter, mi Tita y mis tías ponían una enorme olla con agua para cocer los elotes y todos comíamos ahí. Bajo los granados y duraznos que cercaban la parcela.

A mi me gustaba que mi abuelo nos subiera a los caballos, y que nos paseara en ellos por el pueblo. Aunque mientras fuimos niños, nunca pudimos ir más allá de la calle principal.

Mi papá respetaba mucho a mi abuelo, decía que era un hombre muy trabajador y muy sabio.

Él murió hace muchos años, su ataúd fue colocado en el cuarto azul, grandes cirios se colocaron en los cuatro extremos del mismo, las paredes  se quedaron impregnadas de los llantos de mi Tita, del olor a café y de un espeso ambiente de tristeza que casi podíamos tocar.

A mi  me angustiaba más la idea de mentirle a Karen, hacerla creer que mi abuelito se había ido de viaje, y que cuando volviera le traería dulces y regalos. Después de todo Karen ya tenía dos años y los niños pequeños saben entender muchas cosas. Aún muchos años después, mi prima seguía preguntándole a los que venían de visita si habían visto por ahí a mi abuelito, si él estaba bien.

Mi abuelo era un hombre de campo, sencillo, al cual yo quería mucho, aún recuerdo su mirada noble y llena de amor.

Cuando mi abuelo estaba mas joven, trabajaba de trocero en la sierra. Mi Tita cuenta que la vida era muy difícil, ya que había que hacer una olla de nixtamal y un jarro de frijoles diarios para el lonche de los hombres que se iban a la sierra, entre ellos mi abuelo. Iban a caballo a cortar madera, la cual arrastraban largos tramos. Mi abuela, pasó años casi sola cuidando a mi madre y a mis tíos, mientras mi abuelo se ganaba la vida en las veredas de la sierra.

En casa de mi Tita había un perro, que siempre se llamaba “Regalo” no importaba cuantas veces fuera éste sustituido, el traspatio se resguardaba por un regalo.

Uno de esos “regalos” mató a mi mascota, un Cuyo pardo que había comprado y tuve que llevármelo por que no había quien lo aceptara todo un verano. Ese día, saqué la jaula al jardín y el perro abrió la puerta y mordió a mi Gusy. Resultó demasiado obvio, que por el tamaño del animalillo resultó con hemorragia interna y murió a los pocos minutos. Mi abuelita me consoló y mi abuelo lo puso en una caja de zapatos.

Mi abuelo hizo un agujero profundo en el traspatio bajo un árbol de granada, donde Gusy fue enterrado , su tumba aún existe y lo se, por que quedó un círculo de piedras en ese lugar, que mi primo Paco insistió en hacer por que yo no pude pisar el traspatio en el resto del verano.

Así es como hoy las ideas sobre mi abuelo se han desempolvado una vez más. Aún cuando me parece verlo con su camisa de franela a cuadros, la misma noche en que supe que un Dwende llegaría a mi vida.

Abuelo, donde quiera que estés, estoy segura que sigues observando las peripecias de esta Palomilla, que un día volará cerca de tí, para que sigas enseñándome la verdad del mundo y de las estrellas.

Más de Tita:

  1. Viaje a mi pasado
  2. Recuerdos
  3. La casa
  4. Hombres de mi tierra
  5. Volvió a suceder
  6. Abuelo
  7. Mirada al viento
  8. Si el olor se guardara
  9. Recuerdos de Tita
  10. Sabores
  11. De mi tierra
  12. Sorpresivo recuerdo
  13. Desde la tierra de Jauja
  14. Esa querencia por la tierra
  15. Noventa años son un largo camino
  16. Ese polvo de mi tierra
  17. Versos de antaño
  18. Las cosas que me fascinan de Tita
  19. De vuelta al todo
  20. Días para Tita
  21. Vuelvo de Jauja
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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

2 comentarios sobre “Abuelo

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