Publicado en Apocatástasis

Para Paco


Querido Paco, sé que es más que obvio que nunca creí que llegaría a escribirte así, que se me han quedado suspendidas muchas preguntas y los recuerdos salen en tropel buscando una forma de reordenar mis pensamientos.

Quizás mucho de eso tiene que ver con lo que soy, tal como lo dijiste aquella tarde en que me presentaste a tu amigo como la “antisocial” de la familia.

Tenías razón en algunos sentidos, no soy una persona que fácilmente pueda hacer amigos,  tampoco era de la que me la pasara en fiestas, pero tú me incluíste en tu vida, de forma consciente.

El hecho de que fuera tu prima no fue motivo de distinción. Tal vez ni siquiera estuve contigo mucho tiempo, pero para mí eras alguien muy importante. ¿Quién si no tú eras capaz de simplificar el mundo complejo de una aborrescente? De llegar a una fiesta y alegrarla, de reunir personas tan diferentes y hacerlas sentir cómodas.

Sé que en este momento muchas personas pensarán en tí, cada una a su manera aceptará el duelo, conseguirá el modo de ir curando tu partida. Yo sólo tengo esta manera de expresar lo que eras para mí. Y la mezcla de sentimientos que me ahogan por tu partida.

Pero quiero recordarte en tantos momentos de alegría, como cuando me acompañaste junto con tus amigos en mi fiesta de quince y una semana más tarde me llevaste a la fiesta de la hermana de Ernesto, donde había esa rocola y acabamos todos hechos bola en el 2do piso. Entonces tu cómplice de R, fuiste un celestino.

También cuando comías esos terribles chamucos como si fueran palomitas de maíz. O cuando nos fuimos de viaje y descubriste que los “frijoles” estaban buenísimos. Las horas eternas jugando UNO y cuando nos quedamos atorados en Disney, lo que nos valió a todos una reprimenda.

Aún mucho antes de eso, cuando mi papá nos llevaba a la depor en bicicleta y nos dejaba decir “majaderías” o cuando hicimos nuestra primera comunión y nos vistieron con esos horribles trajes de monjes.

¡Cuántas veces aparece tu nombre en mis viejos diarios! Sí, aparece a diario. Igual el de Juan y Mafo, quienes también fueron de los mosqueteros.

Querido Paco, en algún momento crecimos, hicimos nuestras vidas, y un día te sorprendió el amor, te convertiste en un esposo cariñoso,  te veías contento,  completo, tampoco  imaginaba verte de papá, pero debo confesar que te quedó perfecto el papel, tú, ese hombretón de corazón de niño, ahí persiguiendo a tu Paquito, intentando en vano reprenderlo. Ahí en casa de mi abuela, con mis tíos, en los baños, siempre dispuesto a regalar un gran abrazo, siempre generoso con tu persona, siempre incluyente.

Ahora no hay nada que decirte. Tan sólo el recuerdo, tanta babosada, tantas risas.  Y tú junto a mi abuelo, cubierto de flores.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Un comentario sobre “Para Paco

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