Publicado en Cuenterías, DeCafé

Debraye en el Café del Cerdo Metafísico


¡Bienvenidos al café del Cerdo Metafísico, donde las ballenas flotan de cabeza!

Por:

Israel Chávez

Noek Izardui

Laura Martínez

Furia Venti

Palomilla Apocatastásica

“El gato no lo puede creer, hay un cerdo ocupando su espacio”

Imagen cortesía de Laura Martínez

¿Queeeeeeeeeeeeeeeee?

Es un lindo lugar.

La verdad es que sí, tiene un aire de filosofía con divanes anaranjados. Y media taza humeante adosada primorosamente a la pared.

Mientras te sientas debajo de la rejilla del aire a degustar rarezas italianas. Intentando descubrir en que momento te colaste por la rendija de una pupila distraída que todo lo veía.

Los muros naranjas y los ventanales que te convidan de una tarde en donde la ciudad se sumerge en el verano.

Afuera la vida avanza, indiferente, pero ese espacio cuasisecular destila voces que se quedan atrapadas bajo los altos bancos, quizás también sumergidas en los altos vasos de colores o en las burbujas que flotan irreverentes y acaban explotando en la inquieta superficie.

Posiblemente el tiempo se suspenda y la tarde deje de transcurrir para que así los habitantes de la ciudad se sumerjan en el perpetuo movimiento de una máquina de café.

Entonces la espuma acabará atrapando en su suave textura los pensamientos que quieran escaparse y quedarán escurriendo por las pipetas cuyos engranes crujirán por última vez antes de sucumbir.

Sucumbir es sentarse en una silla alta debajo de la rejilla del aire con la única intención de suspender las horas, de que las palabras tomen más sentido del normal y los sucesos se engarcen a la memoria.

Esta genial su cotorreo 🙂

Pues Bienvenido al Café, donde la espuma y el olor de las voces saturan el espacio.

Necesito seguirlas, pero soy sólo mesero ¿O no hay meseros ahí, y las tazas te acarician para poder salpicarnos bebidas?

No sólo te acarician, si no que acaban derritiéndose en el mostrador.

La esquina humeante receptora de aromas y deseos se hace presente reprimiendo la neblina de la mirada acusadora de la realidad que sigue escurriendo afuera, evaporándose en el pavimento, del eco progenitor [Ganas fallidas] pero nos va la sala tapizada de risitas, y el cúmulo de susurros barridos, que se muestra cada vez mas brillante helando los pies que cansados de caminar…

Entonces una medusa nos arremolina la espalda. espasmo el viento con la amistad de los recuerdos. Todo canto es valorado de espiga. Pero hay espigas que se entonan en otro tiempo.

Pero las paredes anaranjadas cantan en silbidos acompañando a los comensales quienes ajenos al pasar del tiempo siguen degustando lentamente, sorbo a sorbo su bebida.

Porque los recuerdos se les enredan en las risas y los cabellos… fluye el viento llenando cada segundo de luz, desmanchando el pasado, calentando la sala dejando transcurrir el tiempo

La ballena sigue flotando placentera, lanzando de tanto en tanto chorros de agua que elevan al cerdo metafísico una y otra vez por los aires. Luego vuelve a caer pacíficamente sobre la ballena en una eterna espiral ascendente, dialéctica.

Tiempo que no termina en un suspiro. Se alarga entre los pensamientos buscando el descanso de no ser, el transcurrir del tiempo siempre tiene la tendencia malvada a suspenderse quizá para decirles a los pobladores de la barra que las noches y las veladas pueden ser memorables.

El fuego anegado a la ceniza atiende a los necesitados de parpados caídos, la noche es pretexto de noctilucas, que vienen a bailar el son del cerdo [volteretas de lluvia calcándose en los focos]

Al fondo, se escucha el canto aguardentoso y sofocado de un reloj que se empeña en seguir marcando los segundos como si a alguien le importase.

Es que al tiempo nadie le dije que no estaba invitado…y se sobra de talento para inmiscuir su arte en cada poro de la vida.
Una dama furgoneta abalanza desde la calle esquirlas febriles: son las nuevas cartas del menú [Ensimismarse con rollitos de calabaza]

Y entre taza y taza de café, los dedos se van humedeciendo de líquido humeante y acaban danzando sobre una hoja-superficie de tintas amorfas, donde el que habla termina varado…y el que siente encuentra la gloria.

Así entra Gloria, primorosamente enfundada en un vestido rojo, con zapatos rojos, bolsa roja, labios rojos y también bajo la falda enrojecida.

Nadie sabe quien es, ni siquiera si en realidad está perdida, pero lo cierto es que el único motivo para su entrada es la vista rápida y desolada hacia la pared del cerdo metafísico.

Besa, succionando el néctar de los oídos internos. Entonces recuerda [olvido] y enciende un cigarro de indiferencia. Se lo traga y enciende la lujuria.

Luego un chorro de espumosa agua del lomo de la ballena va inundándolo todo, también ha comenzado a enrojecerse.

El sonido de la máquina de café inunda el ambiente, el enrojecimiento ahora se masifica al fundirse con la lujuria colectiva.

de los hombres gestan branquias: Líneas de clavículas afiladas al vientre de la bocina [Que no repliega ya sonidos; sino rugidos de luz, penetrando la nuca], fundiéndose en un canto paranoico para llamar a la inmensidad.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

2 comentarios sobre “Debraye en el Café del Cerdo Metafísico

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