Publicado en Cuenterías

II. Antesala


El halo de luz se fue haciendo más amplio a medida que me concentraba en ella. No sería suficiente para engañar a las sombras, pero sí para darme tiempo de pensar la manera de salir. La mano me ardía cada vez más, mientras la tinta corría envenenándome.

Nos habíamos conocido en los albores del tiempo, cuando aún no había grandes distingos entre los seres. Mutamos tantas veces que optamos por distanciarnos cada vez más. Los eones pasan demasiado rápido en un mundo que tiene sólo cuatro elementos básicos.

Esta vez elegimos caminos distintos, quise ver un mundo que merecía explorarse a través de la carne y en carne me convertí.

Necesario es siempre atravesar el mar del olvido, pero hay cosas que uno no puede olvidar, se quedan registradas tan profundamente en el alma. Entonces, de pronto las hace resurgir algún sonido, un olor, un color, un aroma.

Así nos vimos la primera vez. Él de sombrero y gabardina, yo de olanes al viento. Casi un sueño en medio de aquel bullicio de maquinaria incipiente. Me siguió hasta aquella casa grande de pisos de madera que crujían bajo mis pies.

No podía dejar de pensar en el brillo fiero de su mirada, ocultándose lo más posible bajo una apariencia agradable. Había aprendido demasiado bien el arte del camuflaje.

Entré presurosa con la sensación de tristeza más grande que había sentido hasta entonces en esa vida. Tal pareciera que fuera un sueño recurrente, un deja vú, la inquietud de ser una presa demasiado fácil.

Tomé el viejo libro que me había dado mi abuela, en él estaba escrita la historia de mi familia, era lo único que me daba consuelo en tiempos de tribulación. La hora se acercaba.

Tracé en el vano de puertas y ventanas las palabras adecuadas, debía cerrar el lugar. Todo fue en vano, lo supe días más tarde cuando recibí una nota sin firma, tan sólo tenía dibujado el símbolo del infinito y escrito con letras cursivas, delgadas y finas en tinta roja: ¿Acaso no lo recuerdas?

I. Presentación

III. Inferno

IV. Puertas

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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