Publicado en Bibliotecaria, Reflexiones de la Palomilla

Leo


Pues Garrido insiste en que la lectura por placer es algo que debemos fomentar. Me confieso adicta a los libros, no discrimino a los impresos ni a los electrónicos, ambos tienen sus particularidades.

Tampoco tengo un momento específico para leer, porque como generalmente tengo un libro cerca de mí, cualquier lugar es bueno. Especialmente las filas ante trámites burocráticos o las antesalas del infierno. ¿El tema? Hay tanto que leer que no existe un tema preferido, van apareciendo conforme la marcha. Peor aún cuando voy a la librería por un libro y salgo con varios títulos.

Hace días recibí un mensaje que decía: “A lo mejor ya no nos quiere, son más fascinantes sus viajes astrales y sus amigos imaginarios” Esto me hizo pensar que efectivamente hay personajes entrañables que se me han presentado a lo largo de las páginas. Tal es el caso de Izza, Lavinia, Ayla, Clara, la pequeña Beatriz, Tita, entre otros muchos personajes, que dejan huella.

Otra persona me decía que yo era como la chica de la película ἀγορά (Ágora), en el sentido de que me voy volando entre las letras y luego pierdo piso. También tengo la costumbre de escribir las citas en libretas, en las que luego me tengo que dar un clavado para encontrar la frase perfecta. Aún cuando invariablemente en la portada de una libreta nueva, me dedique a llenar la contraportada con las más importantes, las que me han seguido a lo largo de los años.

Soy distraída así que complemento las libretas con una lista digital de citas con el fin de encontrarlas más fácilmente. ¡Vaya manías!

Quizás la más influenciada por estas locuras sea Hada, que entre sus cosas carga también libros, también cada cierto tiempo me recrimina argumentando que “hace mucho que no me llevas a la librería”. A veces no los toca en meses, pero luego se da un clavado y comienza a retomar las páginas que dejó. También se resiste a dejar los libros que ya no son para su edad. Pude convencerla de regalar una colección de libros a una primita más pequeña, sin embargo se quedó con otros que son para bebés, ésos no los quiso regalar bajo ninguna circunstancia.

Dwende se resiste, a veces logra encontrar algunas páginas que llamen su atención, pero prefiere andar desarmando aparatejos e incluso leyendo instructivos. ¡En casa de herrero, cuchara de palo!

Pero yo leo, leo porque quiero, por el gusto de sentarme y bailotear con las letras, por el disfrute de adentrarme en otras vidas, en esas personas que existen pero no son reales. Leo y lo seguiré haciendo, aunque muchas veces, desde las letras, acabe volando.


Fuente de imagen: Josefina González B.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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