Publicado en Apocatástasis, Mundo faerico

Lo dijo mi madre


Hoy se juntaron, y mi curiosidad me llevó a preguntar cosas sobre esa parte de ella que no conozco.

Recordaron los dormitorios fríos. Que no todas tenían abrigos para los duros inviernos y preferían hacerse bolas en una sola cama.  También optaban por cubrirse con el colchón. Incluso a veces iban a clases enredadas en las cobijas, hasta que se los prohibieron. Que no había agua caliente en las regaderas, incluso en temporadas frías.

Pero también contaron que viajaban en camión al cine y que a veces cuando éste se tardaba en recogerlas, les permitían dar vueltas por la plaza.

Que en los bailes, invitaban a los muchachos de la escuela para hombres, entonces duraban semanas practicando los pasos para cuando llegara el gran día. Regularmente se prestaban unas a otras los vestidos. Años más tarde, un muchacho que estudiaba en el internado para hombres comentaría a forma de chascarrillo: “Recuerdo haber bailado con ese vestido, pero juro que no era esa la muchacha”.

Además tenían como actividad escribirle cartas al muchacho que tenía el mismo número de matrícula que ellas, aprendieron también cocina, tejido, carpintería y usaban shorts para hacer deportes.

Pensé que por eso y otras cosas serían un ejemplo a seguir en su comunidad, pero me dijeron que era lo contrario, que en el pueblo les ponían apelativos como: marimachas, prostitutas, machorras. Que un 20 de Noviembre desfilaron uniformadas con pantalón y fueron duramente criticadas.

Pero aprendieron a sobrevivir así, tan jóvenes y alejadas de sus hogares, a viajar en eventos por todo el país con la sociedad de alumnos y a hacer frente a esa soledad que en el internado fortaleció los lazos afectivos entre ellas.

Cada una siguió su camino cuando fueron expulsadas, por indicaciones de un gobierno militarista y autoritario.

Pero ellas recuerdan con alegría y nostalgia aquellos años, los que fueron, según sus propias palabras, los más hermosos de sus vidas.

Esta mañana, me llevaron de la mano hasta esa época, hace ya cuarenta años y me sentí espectadora de esa etapa. Ahora las entiendo un poco más.

Lo escribió mi madre

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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