Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Me declaro incompetente


Adolezco de la paciencia para soportar imbéciles. Peor cuando encarnan demonios con los que ya me he topado antes.

Ese adiestramiento patético de intentar componer el mundo a su antojo y que los hace vivir en cuentos, me resulta francamente insoportable.

Uno, no conforme con arruinar su vida, intenta destruir la mía. ¡Cómo si no tuviera suficiente con hundirse solo, ahora quiere comparsa! En su ínfima historia, pretende lacerar sin conciencia a los que lo aman y aún así cree que llegará a ser un martir sacro-santo.

Tensión, eso fue el único logro, mi paciencia llegó a tal grado que sin llegar a estallar, le pedí en repetidas ocasiones que abandonara mi oficina.

Me deja la rabia, las ganas de abofetearle. ¡Cómo se atreve siquiera a dirigirme la palabra, luego de eso! A cuestionar mi existencia, a creer que debo rendirle cuentas o explicaciones.

Especialmente cuando acechan cobardemente desde las sombras, evadiendo la realidad y su vida, en vez de enfrentarla como se debe.

Pero es que existen  personas que no conocen el significado de la dignidad.

Luego, el demonio más antiguo, con su repetido intento de “castigar”, de ordenar las cosas a su modo de ver, de deslindarse de responsabilidades creyendo que de esa manera hace lo correcto.

Ese que arruina los tiempos de tranquilidad y que tiene una perversa fascinación por manipular las cosas. Que pareciera que tiene de consigna ir destruyendo paulatinamente lo que se construye con tanto esfuerzo, especialmente en el caso de los intangibles emocionales que tienden a fracturarse.

Arremete con saña contra los desprotegidos, con la falsa investidura de una autoridad que ya no ejerce.

Hace un drama y luego recula, sin poder siquiera tomar una decisión que pueda ser benéfica, dejando toda la carga emocional negativa, germinando y ebullendo en un corazón, contaminando cuanto hay a su alrededor con falsas promesas.

¡Qué patético! Es desgastante la imbecilidad ajena, el intentar repeler a seres tan despreciables, a los que quieren arrastrar a todos, hasta su miserable obscuridad.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

3 comentarios sobre “Me declaro incompetente

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