Publicado en Cuenterías

Amor en tiempos de la Web 2.0


Tal vez debiera escribirte hoy, antes lo hacía.  Dejarte algún mensajillo en tu buzón, quizás una foto donde aparezcamos haciendo muecas.

Es tan fácil. Es que las palabras nos fueron enredando. Tú hablabas de los feldespatos y yo de Cortazar, luego me enviabas un vínculo con una rola de Molotov y yo te lo regresaba con una Folía de Savall.

La camarita nos incitó tantas veces a mostrarnos tal y como éramos (al menos así llegamos a creerlo), el micrófono nos permitió hablar por horas en la oscuridad. Tocabas la guitarra, yo tarareaba al compás.

Era la ventana, siempre fue esa ventana delgada con opciones de búsqueda en el navegador. Conspiró para que coincidieramos en el chat a esa hora, donde tu mundo y el mío se vivían en tiempos diferidos.

Nuestros dedos jugaban una carrera sin retorno, en la cual debían brincar incansables en el teclado. Estaba claro que queríamos compartir el mayor tiempo posible  juntos.

Cada quien con su café y un equipo enchufado a la corriente eléctrica y casi dos mil kilómetros de distancia entre nosotros.

El terror nos paralizaba cuando el modem cíclope parpadeaba con su luz roja. Los fallos de conectividad nos fueron distanciando. Te quejabas de que no ibas a tener dinero para pagar la mensualidad de la red, yo no quería gastarme todo mi saldo en SMS.

Salimos caros, especialmente cuando tomé ese vuelo y crucé medio país para conocerte. ¡Bah! Eso parecía una estupidez, nos conocíamos tan bien.

En fin, lo primero que recibí al pisar la tierra en la que vivías, fue un mensaje donde me anunciabas que ibas con mucho retrazo. Efectivamente duré casi una hora aplastada en un sillón.

Mientras, intentaba distraerme, pero cada tipo que pasaba junto a mí me daba la sensación de que eras tú.

¿Cómo te reconocí? Eras el único que llevaba una playera con una imagen de caricatura japonesa en todo el edificio, avanzabas distraído como intentando encontrar el número del andén. Pero pude corroborar que la cámara web no era tan precisa.

A final de cuentas eras más hábil con el teclado que con las palabras, una introversión extrema te impedía acercarte a menos de treinta centímetros de distancia y me mandaste un “HOLA, ¿Eres tú?” a mi celular sólo para corroborar lo que ya sabías.

No hubo nada maravilloso, eramos un par de extraños que debimos seguir en la distancia. Un par de días más tarde adelanté mi regreso y te dejé una notita diciéndote que eras una “lindura” en la red.

Precisamente hoy, cuado quería escribirte, pude ver que me has bloqueado de todas tus  redes sociales. Así que mejor me ahorro mi saldo y a ver que novedades encuentro en mi muro.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

2 comentarios sobre “Amor en tiempos de la Web 2.0

    1. Pero ¿cómo tener una plenitud en un ambiente en el cual no existe un contacto físico? La expresión corporal es insustituible. Las vidas “alternativas y/o paralelas” en los medios digitales tienen carencias en muchos sentidos. Sé que tienen sus ventajas, pero no estoy de acuerdo de que deba ser así siempre.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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