Publicado en Mundo faerico, Reflexiones de la Palomilla

Las Hadas también tiemblan


Fuente de imagen: Yolanda Ramírez

Nuestra historia es como la de muchas, lamentablemente. Marcadas por un demonio que se materializó para hacernos flaquear.

Todo empezó con la idea de los panecillos, la comida y la convivencia. Hada hizo su pequeña maleta y se despidió con un beso. Iba feliz. Uno piensa que esa felicidad será satisfecha de la mejor manera.

Bastó un día para que se diera cuenta que el horror existe tan cerca de ella. Luego de pasar la tarde juntas rompió en llanto y logró decir entre sollozos “No puedo sacar el sonido de mi cabeza”.

Es que había estado al lado del horror que se ocultaba al otro lado de la puerta, escuchó como el demonio golpeaba y aún así se atrevía a exigir silencio.

¿Cómo le explicas que no podía hacer nada? Sólo la tomas en tus brazos y la tranquilizas, sientes su llanto en tu ropa. Ella te pide que le cantes algo tranquilo, su estómago le duele y el llanto la ha agotado.

No entiendo cómo es posible, sólo dice entre sollozo y sollozo “No voy a tener novio nunca”. Tan pronto le llegó el momento de ver la vida torcida, de sentir que ella también podría pasar por algo similar. Hada tiembla e intenta explicar qué es lo que ha pasado: Se le veía el moretón a través de la ropa. Yo tenía miedo pero no lloré para que mi papi no se enojara.

Es que la imbecilidad no tiene límites, existen seres condenados a infiernos privados que insisten en hacer públicos.

Hada sufre, porque ha descubierto una faceta de la vida que no conocía. Tiene miedo. Aún cuando ahora se siente segura y sigue pidiendo que le canten. Ahora sabe que su libertad es muy importante y que no debe permitir que nadie la humille ni la lastime.

“Es que él dice que ella es de su propiedad y que puede hacer con ella lo que él quiera” ¿Cómo le dices que sólo un ser despreciable piensa eso? Qué hay personas transtornadas se empecinan en destruir todo a su paso, que son tan cobardes que no pueden enfrentarse a sí mismos y mejor lastiman a alguien que no puede defenderse.

No entiendo porqué ella tuvo que vivir eso, porqué tuvo que estar presente, porqué no hubo alguien que se la llevara lejos y la trajera de vuelta a casa, a su hogar donde puede estar en tranquilidad, donde ahora duerme segura de que no habrá quien enturbie sus sueños.

El demonio ha tocado algo sagrado, así que es momento de mover las piezas del tablero una vez más.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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