Publicado en Ars

Perfección


Fuente de imagen: Joel Isaac Ramírez

No sólo fue Street Beat, el de las percusiones, el de los botes convertidos en sonido, sino fue el baile, no ese break callejero, no ese juego de pasos tan vistos, mas bien era la magia de esa kata convertida en la danza salvaje y precisa, acompañada por el percutir primitivo.

Las artes marciales son armoniosas, terriblemente bellas y también letales, así el golpe, la defensa, la patada, guardan un equilibrio y una precisión que requiere de gran disciplina.

Creemos que la danza y las artes marciales son asuntos de distinta índole, pero hay belleza en ámbas.

La fuerza, la destreza y el carácter de quien las practica, conmueve hasta que el latir del pecho se acelera.

Era ese tigre vivo, esa lucha con lo invisible, esa muestra de la guerra hecha sonido, del sonido hecho movimiento, del movimiento convertido en precisión.

Una delicia visual y auditiva. Sólo les faltó sacar una katana, para que hubiera muerto fulminada de emociones sobre las gradas.

A veces pasan días hasta que me cae el “veinte” sobre algo y mis humildes comentarios parecen desfasados, pero tengo primero que reflexionar un poco y preguntarle a mis sentidos qué es lo que percibieron, antes de lanzar algunas letras con el tímido empeño de transmitir un poco de lo mucho que se impregnan las emociones sobre mi.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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