Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Papala


Esto no son más que palabras, las que no alcanzan, las que quedarán siempre cortas. Podríamos escribir de tí un libro entero, quizá una enciclopedia. Son sólo palabras.

También:

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Su vida y sus andares

El viernes 26 de octubre, pasadas las 21hrs, Pascuala Medina Escobedo a los ochenta y cinco años, hizo por última vez su maleta, echó en ella todas las alegrías y las palabras que le cupieron, los agradecimientos que recibió y nos dijo adiós. Una mujer enorme en entereza, amor, compasión y don de mando.

Ahí estuvimos todos despidiéndola, tal como le gustaba vernos: juntos. Le recordamos que debía empacar su “bolsita de la belleza”, le dimos las monedas para Caronte, tenía ya su pasaporte listo y los boletos de ida con todo incluído.

Doña Papala, la mujer más chingona que he conocido. Nació en Torreón Coahuila y ella y su hermana Chelo quedaron huérfanas muy jovencita. Ella tuvo que trabajar toda su vida, trabajó en almacenes, vendiendo cobijas, en los puestos de la feria de Sta. Rita, pero con base en su esfuerzo y su férrea voluntad, logró levantar no sólo una famila, sino un mundo entero que construyó como ella quizo.

La viajera incansable, la curandera certrera, la proveedora, la alegre. Una mujer que supo vivir intensamente, se puede decir que hizo lo que quiso de su vida, forjó un destino grande, fue una guerrera y sembró muchas semillas en los corazones de tantas personas, que se han reunido para despedirla, que han llamado de muchos lugares, que han hecho esfuerzos grandes por llegar a acompañarla por última vez.

La mujer de contrastes, que podía ser tierna y cariñosa, pero también implacable ante las injusticias, la hierbera, la que se curaba a sí misma y a los otros. La que soprendió a tantos con su forma de ser, con su trabajo, con su ejemplo.

Es qué ¿quien tiene una abuela que se haya subido en burro, caballo, camello, elefante, en moto, en go-karts, avión, tren, autobús, góndola y hasta en cruceros? ¿Quién caminó por las salas de Louvre, la Plaza Roja en Moscú, vio el Bolshoi, sintió la arena caliente en Egipto, fue a Marruecos, subió a Machu Pichu, y de Iguazú al Niagara? Igual países de asia que de américa, sin olvidar Tierra Santa. Se puede decir que, recorrió casi todo el mundo, sólo le faltó pisar un continente, Oceanía. No sólo eso, sino que su instinto viajero permitió que otorgara a sus hijos y algunos de sus nietos el placer de cruzar el mundo y compartir con ellos un poquito de su pasión por los viajes.

Llenó las vitrinas con gratos recuerdos y siempre nos compartió con abundancia de sus viajes. No faltaba el detalle que viniera cargando desde lejos. Las semillas que metía de contrabando en su bolsa le hicieron tener plantas de muchos lugares, los aretes, collares, figurillas, tarjetas. Su casa, un pedazo del mundo.

¿Quién nos enseñó a tener la maleta lista, a brincar cada vez que se escuchaba la palabra viaje?

Amó el arte, sabía deleitarse igual con las esculturas, las pinturas, bailaba, cantaba y era apasionada de la literatura, aún cuando acabó la primaria ya siendo abuela.

¿Quién era capaz de convertir un desierto en un vergel? De andar cargando nietos “en bola” desde chicos. De dar lo mismo una nalgada y curar heridas con “curalotodo”. De hacer ollas de sopa de botón y llenar la casa y todo a su alrededor de navidades que huelen a pavo y saben a sidra. De comidas y comidas para todos y que nunca falte la comida en abundancia.

La de las madrugadas del 17 de Mayo soportando sonriente nuestros alaridos de serenata y luego el premio del menudo.

También la que lloraba de a deveras y la mujer histriónica que pasaba del llanto a la risa en un momento. La de la sonrisa amplia, la del abrazo sincero.

Quién cosía muñequitos de fieltro para llenar árboles de navidad completos, de hacer muñecas de trapo, especiales para cada quien. La que tejió un sinnúmero de pantuflas, bufandas, suéteres, chalecos coloridos.

La que curó no sólo cuerpos, sino almas y ayudó a “bien morir” a los agónicos.

La que no podía ver a alguien necesitado porque para todos  tenía desde una palabra de consuelo hasta una ayuda económica. La generosa que no sólo crió a sus hijos, sino a muchas más personas.

La generala del negocio, que sabía cobrar lo justo y hacer los mejores negocios. A la que no le fallaban las cuentas y nomás su palabra era ley.

Papala amó sin reservas, desde las plantas a quienes cantaba y platicaba cada día, hasta a las almas de los difuntos a quienes sabía ofrecerles luz.

Papala de nuevo con Quico. ¿A qué nuevos mundos viajarán esta vez? ¿A dónde te llevarán tus pies incansables? ¿Cuántos jardines harán crecer tus manos? ¿También allá les cantarás? ¡Ay Papala! Aquí estamos de luto y allá donde tu estás andan de fiesta. Me saludas a mis abuelos y a Paco. Adios Papala. ¡Buen viaje! El viaje más hermoso de todos.

Pinocho en la luna y Timotea oruga. ¡Cuéntame mas cuentos abuela! Llévame contigo de viaje. La mujer que nos enseñó a atrevernos a todo.

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Aquí dejamos todos un recuerdo, una etapa, una vida, palabras de la que nos vió nacer a todos, la que nos dió nuestros primeros zapatitos tejidos y quizá una dotación de pañales de tela con los ribetes bordados.

Miriam:

Cuentos junto a la máquina de coser. Sus manos hábiles jugando con la tela, los estambres, las franelas, mientras su mente inventaba cuentos fantásticos para sus nietos.

¿Quién más hace crecer las flores del jardín base de canto, amor y palabras dulces? Flores en las 4 estaciones del año.

Paco:

Mi viejita linda Doña Pascualita Medina viuda de Terrazas, siempre estaras en mi corazón me enseñastes el valor del trabajo honesto y duro y asi como me consentistes me enseñastes a ganarme lo que yo quería te amo abuelita ve tranquila a con amado Don Panchito, Dios te tenga en su gloria.

Tony:

Hace 13 años conoci a la abuela Papala, una señora grande que hacia girar al mundo. En ese tiempo viajo dentro de México y  EEUU y fue al último viaje a Europa con una de sus hijas y un nieto, don Kiko no fue, sólo fuimos a despedirlos.

Don Kiko y yo nos salimos antes de verlos irse él a su esposa, yo a mi novio, y me dijo: Esa mujer no se cansa. Yo solo me reí. Unos dos años despues el partió y ella continuo aquí, despidiéndolo con una canción: “Aquellos ojos verdes”, asegurándose que nadie lo molestará.

Los nietos apalearon por un simple movimiento de dedos, parecía que su mundo se detenía, pero logro sobreponerse y dirigiendo la orquesta desde su lugar. Hace un año la vi pequeña, encorbada, tomando un puño de tierra para despedir a otro Francisco, y me pregunto ¿Porque no fui yo?, yo solo me permiti abrazarla, ¿quién soy yo para responder algo que nadie entendia?.

De tres meses para acá, expreso su cansancio. ¿cansancio? ¡Madres! que ella solo tomaba fuerzas, pues sabia que tomaria un último viaje, el último y de cierta forma a su modo preparó a su prole, jugó adivinanzas nomas por ver si daban al blanco, jugó estatuas de marfíl, y permitió que su prole la chipleará.

Ella partió el viernes y les dió tiempo para despedirla y una vez más se fue de viaje, se fue la abuela trotamundos que dió muñecas a mi polla, que le dió amor a sus hijos y nietos, que se regalo a sus hermanos y que amo inmensamente a su viejo, viajo la abuela hacia la luz y al principio, hacia el Creador que con su inmenso amor regaló a ese angel por 86 años a este mundo, ¡BUEN VIAJE DOÑA PAPALA Y AHI LE ENCARGO A SU PROLE!

Lupita:

Una de los tantos recuerdos que Pascualita me deja…una abuelita como ninguna, su gran herencia se resume en las muchas experiencias y vivencias que nos tocó vivir al lado de ella, y lo mucho que le aprendimos…guerrera hasta el último momento; ahora empieza ésta ante la presencia de Dios, del brazo de su viejito Kiko empezando éste, su ultimo viaje DEP.

Prima Lulú:

Mi querida tía, cómo recuerdo los días en que mi abuela nos decía. Alístense, vamos a ver a su tía PapalaI y todos corriendo para irnos a pasar el domingo con ella, siempre la recordaré como era ella siempre, con su glamour y su presencia tan imponente, pero de un corazón inmenso para todos los de la  familia. Ella siempre tenía el regaño o el consejo para quien lo necesitara.

Muchos más que dejaron sus palabras escritas de muchas formas.

Gracias

a todos los que fueron este fin de semana a despedirse de Doña Papala, a los que mandaron sus mensajes de apoyo, a los que hablaron por teléfono, a los que acudieron apesar de las distancias. Siempre estuvo acompañada, impresionante la cantidad de personas que acudieron. Ella llena de mariposas y flores.

¡Qué bonita es la familia!

El día que hizo su maleta

La India y yo

Tanto que decir, tan poco

Caronte, Muerte, Samhain

Papala

Su vida y sus andares

And she talked about old days

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Un comentario sobre “Papala

  1. wow me quedo sin palabras el hecho de no haberla conocido en persona me deja un mal sabor pero el que mi madre me haya hablado de ella me conforma, que en paz descanse y que la tenga en su santa gloria…mis mejores deseos para toda la grande familia…

Platícame que piensas de lo que escribo.

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