Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Tanto que decir, tan poco espacio


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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Pues se llega la Noche Buena, una más. Pero esta noche será diferente: Papala se fue de viaje.

Pero baste decir que amaba las navidades. Era para ella muy importante estar reunidos. Año a año nos juntábamos en su casa y había que seguir un rito/tradición.

Era imprescindible rezar un rosario, luego pedir posada y arrullar al Niño Dios.  Recuerdo que valía la pena aguantar la tortura del aparentemente interminable rosario, para después encender las velitas, sacar a todos los hombres afuera y cantar:  “Eeeeeen el nombre del Cieeelo, osssss pido posaaaada.”

Y con el “Entren santos peregrinos, peregrinoooossss” encendiamos las luces y teníamos que buscar pareja para arrullar al Niño. Era casi un privilegio cantar: A la rorro-ro niño chiquito, al arrorrorro, mi Emmanuelito, niño chiquito.

Cuando éramos niños, siempre había regalos para todos. Papala era abundante en todos los sentidos, nos llenaba de ilusión y una vez hizo que Santa Claus se asomara al patio para dejar los regalos.

También mi tío “Ch” nos llevaba luces de bengala y cohetes, corríamos felices por la calle cantando a voz de cuello mientras duraba el efímero destello.

Era tradición que en la terraza colocara su hermoso árbol plateado, que compró una vez a un convento. Este árbol elaborado a mano, con tiras delgadísimas de aluminio, adornado con esferas color bugambilia y el enorme nacimiento de papier maché que le ganó una exhibición en la Quinta Gameros.

Por eso y miles de pequeños recuerdos vale la pena conservar ese gusto por la Navidad, por todos estos años que nos reunimos en su comedor, por todas las horas de charlas y de mi madre y mis tías lideradas por Papala para ir sirviendo la cena siempre abundante.

Además ella tuvo el tino de adornar mi arbolito con duendes, animalitos y Santa Claus que ella hizo y nos regaló, una invaluable e irrepetible colección que tiene impregnada su paciencia y creatividad.

Podría seguir escribiendo, pero es hora de reunirme con mi familia a iniciar el hermoso rito de preparar la cena.

Sé que Papala nos acompañará esta noche, que estará presente en nuestros pensamientos y para muestra esa imagen de un tríptico que quedó inconcluso. Su idea era bordar los altos ventanales de la iglesia, tal como se ve y al reverso estaba iniciando con el bordado de todo el pesebre.

Papala, el pilar de muchas vidas y la que sabía transmitir el sentido de las Navidades.

El día que hizo su maleta

La India y yo

Tanto que decir, tan poco

Caronte, Muerte, Samhain

Papala

Su vida y sus andares

And she talked about old days

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Un comentario sobre “Tanto que decir, tan poco espacio

  1. Pues el recuerdo de los abuelos siempre queda, porque su actuar era ferviente. Muy bonitas experiencias que contar sobre las tradiciones que Papala mantuvo vivas y que ahora les toca seguir a ustedes.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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