Publicado en Cuenterías

Portales entre nosotros


siyofueravenecia

Así es, luego de las primeras horas, de que los días pasan al igual que las páginas, me doy cuenta de que hay cosas que debo limitar. Quizás fue la taza de latté, la charla, la tarde, el frío. No lo sé con certeza.

Aún en este instante en que las páginas están cerradas, aquí cerca, tanto que rozo el lomo del libro con mi codo, me detengo un momento intentando entender, entenderme. Me contento con los breves sorbos a la taza con infusión, dejo que el calor vaya descendiento por mi garganta.

¡Cuéntame una vida! Es esa vocecilla interna que me aqueja regularmente, la que me hizo amanecer como con cierta nostalgia, opresión en el pecho. Hay ocasiones en que hablarle únicamente a esa vocecilla no es suficiente, es necesario externar lo que se piensa. Sin embargo las palabras no siempre reflejan con exactitud lo que se siente.

Las primeras horas corrieron tranquilas, cálidas, llenas de olores, risas y cantos. Luego volvieron a su habitual calma, el templado recogimiento de un invierno que nos recuerda a otros más azules.

Una vez más me pregunto cuántos momentos quedaron inconclusos, en los que faltó una palabra, una sonrisa un beso. En cuántas ocasiones negué un abrazo. Tal pareciera que vivo en un mundo en el que se nos han atravesado las pantallas. Cada vez con mayor frecuencia, concurrimos en un espacio que no es real.

Esa vocecilla de nuevo clama por una existencia cálida a mi lado, más allá del lomo de un libro, una taza de tisana, una libreta apenas comenzada y algo de tinta.

¿Cuéntame una vida? Quizás la que se tiene aún es demasiado justa, incluso llega a apretar lo suficiente para dejarme sin aliento.

Los dedos se me van entumiendo poco a poco, pero las alas de mis pies me ruegan que vuele una vez más a través de ese velo traslúcido entre tantos mundos.

Intento encontrar al Mago, pero se escurre entre las sombras de la cabaña. Ahí alcanzo a leer aún las últimas líneas que escribimos juntos. El hechizo perfecto para romper el muro de hielo y trazar sonidos de colores en el aire.

Mis pasos se desvanecen, alcanzo a ver el bosque desde el cielo, despliego de nuevo mis alas, que se han debilitado por falta de uso y se sienten pesadas. Sé que también falta Svetozar, están juntos y comparten esa misma mirada melancólica y azul, tan azul como mis sueños más profundos.

Se acabaron los sonidos de mi garganta, la tisana fue tan sólo un placebo para intentar calmar mis ansias de romper de una vez por todas la ventana del mundo, alzar la mano y entrar al bosque dejando atrás esta otra realidad que se vuelve cada vez más fría.

Podría reiniciar con el típico: Había una vez… pero es demasiado corto.

Fundo las sensaciones en un pequeño camafeo, deslizo mis dedos por la superficie y siento el calor que se genera por la leve fricción hasta hacerlo despedir ese olor dulce del recuerdo.

Era precisamente esa vida que teníamos juntos, ese bosque que bordeaba el lago, la cabaña desordenada donde se escuchaban en forma permanente nuestras risas. También el miedo del transhumano que nos iba deshuesando el cuerpo con finas torturas.

Recordé todo, al pasar las páginas y leer el lento proceso para desollar. El brotar de la sangre abierta con esa precisión quirúrgica, el ir separando la delgada capa del músculo aún palpitante. Sentí en la nuca el aliento caliente y fétido del licántropo que se adentró en nuestros territorios. En el demonio que fue despedazando nuestro imperio.

Eran tus ojos tan azules y profundos que me provocaban ese sentimiento de tristeza compartida.

Querido Mago, seguimos aquí atrapados en una vida que parece ubicarse frente a un par de pantallas arrojadas a destinos diferentes. Caminamos en mundos paralelos que a veces suelen tener rendijas para poder observar retazos de nuestras nuevas historias.

Pero hemos de reencontrarnos luego, cruzaremos de nuevo el mar del olvido una vez que nuestros cuerpos dejen estos espacios, la sangre nos llamará de nuevo entre el mar de almas que flotan hacia nuevos puertos. El sello de nuestro imperio sigue clausurando la entrada. Ambos sabemos que no durará siempre. Es ese lazo que ha permanecido eones uniéndonos aún en las distancias más grandes: Tú estepa, bosque, hielo, yo desierto, aridez, fuego.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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