Publicado en Bibliotecaria, Reflexiones de la Palomilla

Nuestro quehacer


Hace varios días una persona me preguntó que a qué me dedicaba, mejor dicho, qué era exactamente lo que hacía. Cuando le dije que era bibliotecaria, puso una cara como de que le hubiera mentado la de menta.

No es mi culpa que ignore en absoluto lo que se refiere a mi profesión, pero la verdad es si me molestó su expresión de desprecio, como si ser bibliotecaria no fuera una profesión dignificante y útil a la sociedad, especialmente en estos tiempos en los que la información puede generar un alto grado de infoxicación en las personas.

A veces creo que los humanistas nos incrustamos en ese estrato tan poco valorado, gracias a nuestros propios paradigmas. ¡Caray! Hay que portar con orgullo nuestra profesión.

La UNESCO ha trabajado muy fuerte en estos ámbitos, sin embargo, un error es la falta de capacitación del personal, además de la dificultad al acceso que tienen los migrantes digitales, en comparación con los nativos digitales.

Quizás nosotros nos hemos favorecido, pero existen sectores poblacionales en donde es muy complejo ya no digamos el acceso, sino obtener la herramienta para acceder. En cambio los nativos, buscan indiscriminadamente éstos accesos y utilizan como mero divertimiento, sin adquirir la habilidad suficiente para su uso. Muchos creen que saben, pero pocos han sido educados para eso.

Ahí vemos la tan socorrida Wikipedia y la tan desperdiciada y ambiciosa Enciclomedia, que quedó en el olvido y fue condenada al fracaso gracias a la enorme brecha digital que existe en nuestro país.

Los tan llevados, traídos y malinterpretados términos de “Sociedad de la Información y Sociedad del Conocimiento” Ojo, no son sinónimos. Uno va más allá del uso de la información, es relativo a la apropiación de datos para transformarlos en conocimiento que a la vez sea aplicable. Una favorece el acopio y la difusión de información, la otra implica la transformación de éste.

Ahí es donde los bibliotecarios nos movemos como peces en el agua. No sólo manejamos información en formato impreso, sino también en formatos digitales.

En este mundo donde un sector joven de la población puede adquirir aparatos electrónicos, donde la información es excesiva y dónde los “navegantes” se pierden entre ese caudal informativo, el Bibliotecario es el profesional idóneo para ayudarle a acceder, establecer criterios de evaluación de fuentes y de contenidos, divulgar la importancia del respeto a los derechos de autor y a utilizar la información de manera más efectiva.

Entonces exactamente ¿Qué hacemos?

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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