Publicado en Cuenterías

Decifrando los sueños


HechizoBosque

Entonces en el cuarto todo era caos, las puertas estaban tan hinchadas que era casi imposible cerrarlas, aún con llave. Pero era necesario apurarse, nos esperaban.

Por fin pudimos salir al pasillo, el grupo con el que iba se adelantó, pero algo me hizo detenerme. Volteé hacia atrás y ahí estaba ella, parecía algo distinta, con una blusa a rayas, su cabello negro y sus grandes ojos obscuros. Intenté correr, pero mi cuerpo paralizado me lo impidió. Ella fue acercándose a mí con un gesto inexpresivo. Pero no me hizo daño, sino que me abrazó. Correspondí a su abrazo, aún con la inquietud dentro de mi corazón.

Ignoro porqué tuvo que ser ella, pero ahí estaba, sumida en su propia muerte. Quizás algo quisiera advertirme, pero volvió a disolverse entre las sombras mientras algunas otras almas salían de su oscuridad para hacerme salir de mi mundo brillante y confortable.

Volví al cuarto, pero éste se encontraba en desorden, no pude recuperar la calma, sino que fui presa de un desaliento y una pesadumbre aplastante.

Debía escapar, abandonar ese hotel, los demás habían salido hacía ya mucho tiempo y yo seguía ahí presa. Entonces Papala llegó a tranquilizarme. Sacó unos pétalos blancos, como de crisantemo y comenzó a esparcirlos sobre el piso y sobre las sombras.

Una mujer barría junto a las jardineras, sin embargo, no sé porqué motivo, dejó que esos pétalos en su lugar. Papala, la que sabe, me fue diciendo paso a paso lo que debía hacer para alejar a los demonios que acechaban en las esquinas.

Me aferré a sus consejos con todas mis fuerzas, puse toda mi atención en ese espacio de luz que se abría a su lado y olvidé a la mujer que seguia barriendo, sin prestar atención a nada más, olvidé el cuarto con todas las cosas revueltas, pero no olvidé a A, cuya mirada se me clavó hasta devolverme a una realidad más confortable.

La luz volvió, pero las tinieblas quedaron aún mucho rato envolviéndome, es que también caí en la cuenta de que Papala hacía tiempo que había muerto.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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