Publicado en Bibliotecaria

Hubo una vez, en un lugar, un documento…


De los tan poco valorados documentos de archivo, me he topado con este material escrito en Santa Rosalía, en 1859.

Este documento es un Contrato de matrimonio escrito en los siguientes términos:

“La bigamia y la poligamia continúan prohibidas y sujetas a las mismas penas que les tienen señaladas las leyes vigentes.

Un marido cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar a su mujer protección, alimentación y dirección tratándola siempre como a la parte más delicada, sensible y fina de usted mismo y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil esencialmente cuando este débil se entrega a usted y cuando por la sociedad se le confía ahora.

Una mujer cuyas dotes sexuales son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura, debe dar y deberá a su marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo tratándolo siempre con veneración que se debe a la persona que nos apoya y defiende con al delicadeza de quien no quiere exasperar la parte brusca, irritable y dura de sí mismo”

Es curioso el giro que ha dado ahora el lenguaje y cómo un documento probatorio de una acción realizada, nos ofrece al mismo tiempo una gran cantidad de información del contexto histórico y socio-cultural.

IMG0079AFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Además de la hermosa caligrafía cuyo estudio corresponde a los paleógrafos, quienes saben distinguir entre una  redondilla procesal, carolina, gótica minúscula, cortesana y muchos otros tipos de letras con el fin de validar un documento.

IMG0080A

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

En el fragmento del texto, podemos ver cuál era la concepción de matrimonio y los principios que lo regían, además de las atribuciones que le correspondían tanto a las mujeres como a los hombres.

¿Qué sorpresas esconden los archivos? ¿Cuántos datos nos ofrecen para poder reconstruir el contexto histórico de una sociedad en una época en particular?

Algún día, quizás, las letras que dejemos plasmadas en algún soporte, podrían ayudar a algún historiador a tratar de entender nuestra vida en un simple día como hoy.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

2 comentarios sobre “Hubo una vez, en un lugar, un documento…

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