Publicado en Cuenterías

Desvelos y ensoñaciones


mens dormiensFuente de imagen: Vladimir Kush

Vio claramente la serie de números perfectamente ordenados, que regresaron repentinamente a su memoria en medio del sueño. Abrió los ojos intentando llegar lo más pronto posible y marcar los dígitos.

Tomó con duda el teléfono y muy despacio repitió el orden tal y como lo había visto en el ensueño. Escuchó esa voz. Hacía tanto tiempo que había perdido la oportunidad de llamarle. Sintió que su corazón latía fuertemente y pronunció un “hola” que casi quedó sofocado de silencio.

Había en esos instantes una zozobra que casi podía tocarse y dirigirse hasta el otro lado de la línea.

Sin embargo una respuesta llegó, clara y directa. ¡Qué sorpresa! ¿Cómo has estado?

Bastaron esas palabras para dejar que las ideas, contenidas tanto tiempo, comenzaran a fluir sin los diques acostumbrados. Primero las obligadas salutaciones y luego todas aquellas preguntas que parecieran intrascendentes, hasta que acaban convirtiéndose no sólo en confesiones, sino en una especie de catarsis a dos desvelos.

Por esos momentos, pareció como si no existieran las distancias, tampoco las discrepancias o las decisiones añejas que los habían enviado por diferentes rumbos. Hablaron de los sueños que habían sido conjuntos y de los nuevos. De proyectos inconclusos y hasta de la tinta que se quedó grabada en un papel por largos meses.

Fuera de la noche no había más que silencio, fuera de sus palabras no existía el mundo. Era esa complicidad que los atraía como opuestos, que los vinculaba, sin importar que de pronto pudiera parecer que desaparecían para nunca más volver a encontrarse.

Se sabían ahí, en algún lugar, que por remoto que fuera, no había distancia que no pudiera cruzarse con esa serie de dígitos.

Volvieron a despedirse, como si se hubieran visto apenas la tarde anterior, como si fueran a verse la tarde siguiente. Simplemente colgaron y volvieron cada uno a sus sueños, pero con esa sonrisa cómplice, esa sonrisa plena, esa sonrisa burlona que únicamente ellos sabían interpretar aún en esa desolada obscuridad.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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