Publicado en Cuenterías

Deshilvanando ideas


“El ser humano es en realidad un recipiente”

Yoshimoto, B. Amrita.

katihornaFuente de imagen: Galería Oscar Román II

No quería coincidir con los gerundios:

I

Filosofando sobre la profundidad de tu mirada aquella noche de primavera y el canto nocturno de los pájaros. Condenados a vernos en sombras. A través de cristales que con el tiempo se van opacando.

II

Son tus manos agua tibia limpiando de deseo mi cuerpo. Apagando el fuego con caricias frescas.

Podría desvanecerme en algunos recuerdos sin remordimientos:

I

Esta noche la sucesión de porqués me confunde y no me lleva a ningún lado. Creo que por eso no he podido escribir en primavera. La primavera duele.

II

Así las palabras se convirtieron en un solitario amanecer.

III

Cocinar es como hacer el amor, se requiere paciencia, equilibrio y saber combinar los ingredientes. Es un acto placentero cuando se tiene el tiempo para ir preparando todo sin presiones.

Caminando en conjunto, descubro el verdadero sentido del Nihil sub sole novum:

Pasa el tiempo, inexorable, las horas corren decantadas en los crisoles uterinos de un mundo caótico.

Recordé tu figura esa noche fría y solitaria, era el Ekateringburgo más cruel, más inhumano. El sonido de los vagones rechinando contra las vías. Tu figura mimetizándose de sombras. Disfraz perfecto. Aún así,  eran tus ojos los que me invitaban a seguir sentada sobre la banca fría.

A través de las ventanas podía verse el espacio casi vacío, los letreros se sucedían sin miramientos y los pies comenzaban a helarse aún bajo las gruesas botas.

Sentía tu presencia tan cerca, tu aliento cortado por el frío y la temperatura descendiendo demasiado rápido. Quería llegar hasta donde estuvieras, sin importar que el velo que nos separaba fuera tan denso.

Desde esta orilla las lámparas que oscilaban del techo, eran enemigos quijotescos capaces de romper esa imagen tan nítida que se apoderaba de mis pensamientos.

El abrupto choque del idioma me impedía llegar hasta tí. Presa en un espacio que no podía compartir contigo, no hubo más remedio que seguir observando cómo te perdías entre los pasillos.

Aún asombrada supe que no existía una razón para seguir tiritando, mi cama tibia, la ventana abierta para que refrescara un poco el ambiente tan cargado del verano. Y mi cuerpo helado, aterido como muestra fehaciente de la contradicción de nuestros mundos.

El frío en mi corazón intentando tender un puente, encendiendo una pequeña chispa en tí, que allá, a kilómetros de distancia, abordas por fin el vagón que te llevará a tu apartamento. Dejarás las botas en la puerta, colgaras tu grueso abrigo y en el bolsillo interior encontrarás algunos pétalos de cerezos que no tendrás idea del cómo llegaron ahí.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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