Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Noche de licántropos, noche de demonios sueltos


Por eso me gustan las noches, cuando todos duermen y por fin queda algún hueco solo para mí. Entonces, sólo entonces me puedo dar el lujo de no rendirle cuentas a nadie de mi muerte.

mujerdemonioFuente de imagen: Cuatroletras

Cuando uno está fracturado, no puede amar, todo le parece una burla, una treta, un engaño, entonces lastima, quizás inconscientemente, pero de forma dolorosa. Se acostumbra a permanecer aislado, a impedir de alguna manera el acceso a ese mundo privado que una vez fue aplastado y cuya reconstrucción es mucho más lenta de lo que aparenta.

Buscaba silencio, hubiera querido salir y poder dedicarme a ver la luna, dejar a un lado todo el lodo que se acumula en mi cabeza, poner entre paréntesis lo que debe hacerse, quedarme ahí hasta el amanecer sí fuese preciso, ignorando el sonido del los vehículos.

Pero estaba ahí, intentando hundirme en la noche, perderme y fingir que arrojo todo por la borda. Y nada. Mi mente, mi corazón y mis ánimos estaban vacíos.

Lloré, de rabia y de impotencia. Tantas cosas hubiera querido que de nuevo tendrán que esperar.

¿Dónde quedo?

Mientras uno se va hundiendo, se aferra con todas sus fuerzas a esos instantes de felicidad, pero a veces se requiere silencio para mantener la poca cordura que se posee.

Estoy atrofiada, algo dentro de mí se pudrió hace tiempo, se envenenó y no ha habido algo que ayude a sanarlo. Descubrir cierto tipo de libertades tiene sus riesgos, uno llega a apreciarla y a buscarla a toda costa. Pero es utopía.  Ja, ilusamente se piensa que las cosas podrán remediarse, pero en todo remedio hay que hacer ajustes, zurcir, rellenar, suturar… las marcas son indelebles.

Queda ese vacío, esa molestia de estar preso en una cotidianeidad en la que todo se vicia. Se anhela eso que se ha tenido que sacrificar, la parte del yo que a costa de anestésicos debe quedar adormecida, un letargo indefinido.

No soy víctima de las circunstancias, pero estoy aún lo suficientemente enlodada, envenenada, iracunda, que el único antídoto posible se encuentra en uno de todos los expedientes que siguen abiertos.

Busco justicia, pero el aparato jurídico avanza con una medición de tiempo diferente, ahí todo es lento, demasiado lento.

Paciencia.

Los hombros pesan, los intentos por descansar en sueños son vanos, la disciplina se va haciendo laxa y hay que buscar a toda costa la forma de sobrevivir. ¡Qué estupidez esa de andar sobreviviendo, en vez de dedicarse a vivir!

Vomito todas las letras posibles, purga útil para la mente abrumada.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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