Publicado en Reflexiones de la Palomilla

La India y yo


vitrina1

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Recuerdo esa hermosa muñeca en la vitrina de Papala, con un sari rojo, sus ajorcas y collares de cuentas. Unos ojos delineados, profundos y brillantes.

Hace tantos años que caí presa de una cultura milenaria, diversa y aún, en muchas facetas, incomprensible.

Quizás eso y las historias de mi niñez me llevaron a eso, pero cuando el Bhagavad Ghita quedó solitario en esa parada de autobús, mi mundo se llenó de nuevas percepciones.

Papala me hablaba de ese país, lejanísimo y me contaba la maravilla de estar dentro del Taj Mahal, ese  complejo de edificios construido entre 1631 y 1654 en la ciudad de Agra. La sensación mágica de ver ese ataúd de mármol blanco recubierto de “enredaderas” de esmeraldas y rubíes que a cierta hora del día reflejan todo el recinto con sus tonos rojos y verdes.

No sólo fue Tagore, sino Kipling, Hesse y los textos del Bhagavad Ghita los que me permitieron conocer un ápice de esas castas, esos dioses.

Una Kali aterradora, un Arjuna, luego ese Krishna.

Si bien mi memoria se hace un lío entre la diversidad de deidades, es innegable mi apego interno y mi recuerdo de esa etapa.

Viajar con Kim a través de la india, ver las diferencias entre los Brahamanes, entender lo sacro del ganado vacuno, apreciar desde este contexto una cosmogonía que implica el desprendimiento de todo lo material para intentar entrar al Nirvana, hablar de chakras, energías, desprendimientos.

Seguir el camino de un Siddhartha que busca desesperadamente algo que encuentra justamente cuando deja de buscar.

Esos saris delicadamente confeccionados y las marcas en los rostros. El sagrado Ganges que anualmente recibe millones de peregrinos que anhelan bañarse en sus aguas.

Ese territorio que es muchos territorios, esa semejanza de tonalidades, el ají picante y la diversidad culinaria de un mundo tan ajeno y tan deseado.

Papala lo supo, viajar era esa manera de aprender de primera mano a ser ciudadano del mundo, sin límites, sin que debas verlo a través de unas páginas ilustradas o un ordenador, sino el experimentar en carne propia el mundo, respirar esos olores, probar esos sabores, pisar la misma tierra tan abundante y sorprenderse ante la maravilla y el horror de la humanidad.

La India, otro recuerdo compartido y a la vez anhelado que un día me abrirá sus puertas. Entonces parada junto a esa tumba y viendo el rojo y el azul reflejado en las paredes, sabré que he llegado a una meta mas. No habrá quien me cuente una historia ajena, seré mi propia historia.

El día que hizo su maleta

La India y yo

Tanto que decir, tan poco

Caronte, Muerte, Samhain

Papala

Su vida y sus andares

And she talked about old days

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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