Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Mulher, bruixa, deusa


“Si pones en marcha los sentidos y abres bien los ojos, el final se revela por sí solo”

Murakami, H.

la-bruixa-jove

Fuente de imagen: Cat bloctum

O el día que descubrí que tan bruja puedo ser.

Las palabras entintaron las líneas, se cruzaron por mis dedos obligándome a darles harapos.

Contaba alguna historia que se iba convirtiendo en camino sinuoso. Era la oscuridad que me engullía, años aciagos.

Mis manos quedaron atadas y mis labios se sellaron. Autómata avanzaba por un camino que me era ajeno, con el cuerpo y la mente vacía, daba pasos hacia la nada. Permití tantos silencios pesados, tanta censura ceñida a mi mente, tantas palabras condenatorias hacia lo que debía ser.

Luego fue el brotar de la duda Aristotélica ¿Quién soy, de dónde vengo y a dónde voy? No tenía respuestas, quizás éstas no fueran tan importantes como el hecho de decidir libremente buscarlas, seas cuales fueran. La incisión mental fue germinando, se infectó y comenzó a heder. Ardía y sangraba hasta hacerme guardar gritos adoloridos.

No importa tanto el hecho de formular una pregunta, sino detonar el mecanismo que active la búsqueda de respuestas.

Cuando estaba hundida en mi propio desperdicio, cuando me ahogué en las oscuridades que fui creando, cuando tiré la soga hasta quedar sin aliento, supe que era todo, no habría para mí una sima más profunda que esa. Tiré de la soga pero en vez de sucumbir ante la tentación del precipicio, que en verdad parecía demasiado tentador, finalmente acabé utilizándolo para tirar de mí misma hacia un punto en el que pudiera volver a a respirar.

Así abrí varios portales (sin proponermelo conscientemente), tenía pistas que se fueron amalgamando en este rompecabezas que es mi vida.

Provengo del Clan de las que saben, pero tuve que descubrirlo por mis propios medios, hice estallar mi corazón en esquirlas y me deconstruí varias veces, intentando volver a poner las piezas en un orden menos doloroso.

Bebí la conina y me hice inmune, tragué la mierda que expedía y asimilé que aún en esas circunstancias siempre hay una forma de salir. Podría haber escogido el sarcófago como vía de escape, pero escogí volver a construir con los restos una versión menos patética de mí misma.

No volver a sentir autocompasión, es la clave. Entonces la bruja que habita en mí inició su florecimiento. Ahora puede brillar dentro de mi mirada un tono de ternura que en instante se enciende con ira, puede ser el toque de mis manos una breve caricia, o el punto de ardor un paso más allá del simple dolor. Puedo sentir la delicia de la calidez humana, o sumirme en el frío glacial hasta perderme por eones.

Así soy, así quiero ser, el fuego que incendia, que abrasa y también abraza, el rugir calcinante de las palabras lanzadas con certeza, acupuntura de fonemas pensados hasta el límite.

Conocedora de los elementos, bordadora de palabras, amanuense de sueños, técnica en incisiones profundas plagadas de ideas.

Mulher, bruja, deusa.

Una Palomilla con alas de palabras.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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