Publicado en Ars

Destinos surreales


Hace días fue Carrington, sus sinuosas figuras se materializaron en plena plaza, el desierto recibe con avidez la maravilla de las creaciones artísticas.

Dí un salto cuántico y a más de dos mil kilómetros de ahí, algo fantástico sucedió.

Me reconfortaba mi soledad, la capacidad de sólo dejar que el camino y el viento fresco dirigieran de forma autónoma el rumbo.  Era la calle empedrada, las imágenes de las minas, el tamaño de las maquinarias, los jales, las trojes, el malacate y los chacuacos recién descubiertos, eran las amatistas aún en la veta, los cristales, pero también era la llovizna fresca y mis pasos arrastrándome sin un rumbo definido.

Entonces los grandes carteles hirieron mi vista y pensé que las letras me engañaban. Me acerqué un poco más y no tuve dudas. Frente a mí, en ese sólido e imponente edificio las puertas abrían su vano al mundo onírico, atravesarlo sería no dar marcha atras, adentrarme a un lugar maravilloso. Así fue.

Eran los relojes escurridos, sus pátinas verdes y los relieves broncíneos, eran los equinos perfectos, los caballeros medievales, los elefantes de largas y huesudas patas. Eran figuras etereas, cuerpos fríos, metálicos y pesados vueltos ligeros y cálidos. Era toparse de frente con esas obras más que geniales de un grande: DALÍ.

Es que en “Cuartel del Arte” se encontraba la exposición Dalí Juego y Deseo, una colección del museo Soumaya. Indescriptible la sensación de encontrarme ahí, de hecho, aún no pongo en orden mis emociones estéticas, que no estáticas.

La maravilla de movimiento y la sensación que se siente al estar frente a los relojes es indescriptible, especialmente cuando en estas tierras desérticas no se tienen tan fácilmente ese tipo de oportunidades. Si bien es cierto que se hacen grandes esfuerzos y de casi una década a la fecha, se promueven más las manifestaciones artísticas, Dalí seguirá siendo Dalí per secula seculorum.

Por lo pronto, mis pupilas aún son presa de esa emoción, algo que no es fácil de explicar con palabras.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Un comentario sobre “Destinos surreales

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