Publicado en Cuenterías, Taller

Chimal y sus historias


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Pues Alberto Chimal es un escritor mexicano, la primera vez que escuché de él fue en el concurso de Caza de Letras organizado por la UNAM en el 2007, en dónde era uno de los jueces.

Curiosamente de ese grupo sigo frecuentando a Marvin Durán (Sabinazo) y a Lorena San Millán (Nohemí Hinojosa Rivera), también se hizo un grupo muy divertido que acabó denominándose Ejército para la Limpieza Intelectual de la Comunidad Inverosímil (ELICI) y del cual acabé siendo la Teniente Coronel del 2do Regimiento. Posteriormente asistí a talleres literarios presenciales y virtuales que Marvín y Lorena dirigieron.

Luego de este breviario, baste decir que con los años he estado siguiendo los pasos de Chimal.

Hace unos meses  acabé armándome de valor y envíe este cuentito que recibió una mención en el concurso de minificción.

Hoy sí

Me dijeron que ahora sí, segurito iba a poder verla. Era mi ilusión, tenía más de un año dando vueltas y vueltas con el señor ese que estaba llevando el caso.

“Caso” así le dicen, no les importa ni el nombre, sólo son un número de expediente. ¡Qué se vayan a la chingada todos con sus putos expedientes! Sólo quería verla, saber que estaba bien, decirle que sus chamacos la extrañan, Paulita ya va al kinder, Julio no va nada bien, apenas paso el año.

-Pero hoy sí, ya está todo arreglado. Nos dijo por el teléfono, el hombre ese, así que a agarrar mis chivas, sacar los pesos y avanzarle a la capital, hasta allá fue a dar.

La comadre me ofreció su casa, dice que va a ser la buena, que ya es mucho, que de su casa está un poco lejos, pero no importa. -Ya veremos cómo le hacemos para llevarlos con ella comadrita. ¡No se raje, aguante otro poquito!

De nuevo caminar y caminar, bajo el sol en esta pinche ciudad. Y yo piense y piense en qué decirles a Paula y a Julio si no llego a verla.

Y el jodido de Álvaro, ojalá se pudra en el infierno. Bien merecido se lo tenía. Pero Paula que culpa tiene. Pienso en Paula y en sus ojos amoratados, en su boca sangrando, en sus ojos enrojecidos y el machete aún embarrado de sangre. Y a los hombres que se la llevaban, no dijeron a dónde, no supimos a donde.

Pero hoy sí, segurito que hoy sí.

Concurso 92

Luego en el mes de septiembre envié estos tres cuentos que no ganaron nada, pero si quise publicarlos en este espacio.

Liberación

Estaba harta, la melodía la perseguía.
No sólo la partitura, hoja inerte de aparente inocencia, cuyas notas flotaban sobre líneas pegajosas. Sino el hablar por teléfono para solicitar información. Un conmutador la lanzaba hacia el abismo de la espera, con esa breve pero insistente melodía.
Quería librarse de la maldición, evitar cerrar la puerta y recordar la imperativa voz de su padre, obligándola a sentarse sobre el banquillo y deslizar los dedos por las teclas tarde a tarde. Pero estaba impedida para la música.
Estuvo días planeando su escapatoria. Empezó a empujar poco a poco el oscuro armatoste, llego hasta el borde del ventanal, y apoyando todo su peso en él, logró vencer el frágil vidrio. Pocos segundos pasaron entre el estallido del vidrio, el crujir del piano deslizándose hacia afuera y el grito sofocado por la sorpresa al sentir su blusa atorada en una de las astillas de madera.
Sólo su sombra alcanzó a verse tras los restos astillados, que se confundían con el tronco del árbol donde ella pendía sin vida aún con el rictus de sorpresa.
Su caída estaba marcada por el metrónomo, como cada vez que debía interpretar el minueto en G mayor de Bach.

Precisamente este caso

Tras el gran escritorio de encino, el juez lucía consternado. El acusador coadyuvante había citado al Barón.
Las puertas se abrieron y entró un individuo un tanto melifluo; cargaba una jaulita para mascotas. La colocó sobre el escritorio, de ésta salió un hermoso gato angora, de pelambre brillante, que portaba un elegante collar con incrustaciones de piedras preciosas.
Estiró el cuerpo y dando una ojeada de soslayo, maliciosa y despectiva, ronroneó un par de veces y fue a colocarse justo frente al juez.
Se alzó en dos patas y con la elegancia de los de su especie, le ofreció argumentos sobre los motivos por los cuales no podían condenar a uno de los soldados encubiertos de su guardia. Imposible era probar que la profunda incisión en la garganta de la víctima, fuera provocada por él, puesto que no se había encontrado ningún objeto punzo-cortante.
Instantes después y luego de un maullido agudo e incisivo, por puertas y ventanas, comenzaron a llegar cientos de gatos, destruyendo todo a su paso. Algunas personas huían, aterradas de ese hecho inusitado, otras quedaron aplastadas por los gatos que se llevaron a rastras al juez.
En este caso, el gato definitivamente era el rey.

Promesa

Se acabó el tiempo, la oscuridad lo envolvió abruptamente, no había nada que pudiera hacer, la situación se fue de sus manos, contra su voluntad, trató de convencerse de que era lo mejor para ambos.
Pero la verdad lo hizo derrumbarse, junto con el sonido chirriante de esa puerta de mal augurio, sus funestos grabados lo incomodaron. Desde el primer instante, la supo perdida.
Escuchó cómo a gritos lo nombraba, cómo la obligaron a quedarse quieta, luego de que la arrancaran de su lado, con la pequeña maleta. Aún tenía en la mente el eco de su llanto, hurgando hasta las profundidades de su pecho. El tiempo se concentró en unos cuantos segundos.
Se sentía infame. ¿Cómo pudo haber sido tan frío? Apenas un par de meses y todo se fue al carajo, era eso o la calle. Él no tenía forma de cuidarla, su orfandad compartida lo obligaba a buscar lo mejor.
Él era el “hombre de la casa”, debía hacerse cargo.
No pudo.
Tras esa puerta, escuchó su nombre una vez más y cayó desconsolado. Ya volvería, una promesa de hermano no se rompe, era un juramento volvería por ella.

Concurso especial TRIPLE: Las historias, palabra lab y ciudad mínima.

En fin, el asunto de seguir escribiendo es algo que me agrada, quizás si algún día gano un premio será únicamente un aliciente extra, pero no un fin.

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Concreto

Indisciplina

 

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Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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