Publicado en Ars

Hasta donde va la orquesta.


“La música, amigo mío, tiene la virtud de hacer que no exista nada en el mundo fuera de esos sonidos” 

Leroux, G. 

abrazo

Érase el primer concierto de mi vida. Lo recuerdo como un acto solemne, como el listado de reglas de comportamiento a seguir. Con mis ojos infantiles el teatro parecía enorme, la curiosidad me hacía enfocar a la orquesta y todos sus extraños instrumentos.

Quizás en esa ocasión me aburrí, tal vez dormité, pero las cosas cambian.

Años después, las lágrimas chorreaban por mi rostro en ese concierto didáctico en el que el violinista hizo que las notas me calaran muy profundo.

Las orquestas están asociadas con los teatros, con expresiones selectivas, con eventos selectos y costosos. Pocos acuden a los recintos donde las orquestas nos muestran su repertorio y nos deleitan.

Es tal vez porque las orquestas están sobre el escenario, existe un proscenio de por medio y hay un halo de formalidad que lo envuelve.

Pero no siempre sucede así, Yoshua Bell es quizás uno de los primeros en experimentar. Llevó su maestría afuera del teatro, al metro de Washington donde miles de personas acuden diariamente. También orquestas como la Filarmónica de Copenhage quienes no se conformaron con estar en un vestíbulo, sino que subieron directamente a los vagones, ante la expresión atónita de los que estaban ahí, o  Orquesta comunitaria de Melbourne, que envolvió a los asistentes a una ceremonia conmemorativa e hizo que los músicos “acorralaran” el recinto.

En un contexto latinoamericano también hay ejemplos. En este de Turbus las limitaciones son visibles, sin embargo cabe resaltar la juventud de los músicos e indudablemente el resultado es el mismo.

Estos experimentos, nos permiten comprobar que la música es el idioma más amplio, más directo y más hermoso. Especialmente la música culta, que pocas veces es apreciada con toda su belleza. Desde músicos en el metro, en alguna avenida, en una plaza. Es impresionante ver las expresiones de las personas que se detienen hechizadas por esa magia.

Sin duda, estos ejemplos de los lugares hasta donde las orquestas nos pueden llevar son motivo de celebración, hablan de la sensibilidad de los músicos y de su compromiso con la sociedad.

Ojalá que algún día se nos brinde la oportunidad de sorprendernos de esa manera, una tarde cualquiera en un lugar cotidiano que por lo mismo está un tanto desgastado. Pero la música es la esperanza, el brillo que a todos nos permite sonreír.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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