Publicado en Bibliotecaria

Hurto de palabras


“El corazón de los humanos no es como el mío. El de los hombres es una línea, mientras que el mío es un círculo y poseo la infinita habilidad de estar en el lugar apropiado en el momento oportuno. La consecuencia es que siempre encuentro humanos en su mejor y en su peor momento. Veo su fealdad y su belleza y me pregunto como ámbas pueden ser lo mismo. Sin embargo, tienen algo que les envidio: al menos los humanos tienen el buen juicio de morir”

Zusak, M. (2007) La ladrona de libros.

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La muerte.

Protagonista de esta historia, está ligada al fin de todos los ciclos. Las páginas atrapan, cortan la respiración, sorprenden, gritan. Nos obligan a enfrentar la miseria cara a cara.

Hans y Max entregan un delgado hilo de esperanza al que aferrarse, la más poderosa de las armas. La misma que usó el Hombre Bajito de bigote extraño que descendía al sótano a luchar cuerpo a cuerpo en un cuadrilátero imaginario.

Palabras. Un regalo invaluable

Hans y Rosa, quienes a pesar de su rudeza aceptan a una pequeña en su hogar. Una pequeña que se niega a cruzar el umbral de la puerta, mientra su verdadera madre se aleja para siempre. Mientras intenta arañar los recuerdos aún hirientes de su hermano sepultado en la nieve. ¿Qué le permite soportar esa carga sin sucumbir? El libro.

Los ojos de Max en la larga fila de los condenados. Morituri te salutant, parecen decir. Un Rudy fuerte y frágil, la súplica de un beso nunca ofrecido.

Desde las palabras Liesel sufre, el lector lo vive, lo siente. La muerte misma lo siente, se conmueve por la humanidad. ¿A qué se aferra Liesel?

“Se aferraba con desesperación a las palabras que le habían salvado la vida”

La muerte, narra un episodio durante el período de la Segunda Guerra Mundial en la alemania nazi, decide seguir la vida de Liesel Meminger. Un ejemplo de toda aquella devastación que le confunde.

“A veces me mata ver como muere la gente”

¿Qué es lo que en realidad nos lleva ha conmovernos? Esos atisbos de humanidad entre tanta miseria. La capacidad de caer y levantarse una y otra vez. La miga de pan lanzada a los desprotegidos aún a sabiendas del severo castigo.

“Había decidido hacer del sufrimiento su razón de vivir, porque cuando éste se negó a abandonarla, ella sucumbió a él. Lo abrazó”

Es el látigo, el sótano, el hacinamiento y entre tanta oscuridad, la palabra. La historia de vida escrita sobre otra de muerte, de desolación.

La forma en la que está escrita este libro es abrumadora, ofrece un panorama a destiempo, framentario que poco a poco engloba la visión general del horror.

Zusak supo escarbar de forma magistral las páginas de una guerra, como muchas que se suceden. Supo mantener al lector siempre al borde entre el abismo y la esperanza. Conmovedor hasta las lágrimas. Un deleite para quien quiere aprender de esas ventanas de palabras.

“Las palabras se derramaron por la habitación llena de libros y frío. ¡Libros por todas partes! No había pared que no estuviera forrada de abarrotadas e impecables estanterías.” 

Sólo uno sobrevivió, el de Liesel, su propia historia custodiada por la muerte hasta su muerte.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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