Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Sus siempre buenas intenciones


“No es mi intención proporcionarte mas motivos para el parricidio que los ya usuales”

Savater, F

donna donor

Los padres siempre tienen buenas intenciones, los míos querían lo mejor para nosotras, pero creo que a veces se pasaban de inocentes. No los culpo, nadie sabemos ser padres y la verdad es el más grande reto de los seres humanos.

Todo a colación porque esta mañana se prestó a los recuerdos. Quizás lo más fuerte fue cuando de niñas, tuvimos un maestro de inglés que daba clases en una casa a pocas cuadras de la nuestra. Seríamos unos 10 niños que ibamos tres veces por semana. 

Su nombre no importa, porque resultó ser tan falso como él.

El hombre tenía un acento muy extraño que me fascinaba imitar. La lección que más recuerdo empezaba así:

Today is a lovely day, the sun is shining and the birds are singning.

Entonces me tocaba el turno de leer y yo lo imitaba. Él se limitaba a sonreír.

El colmo fue cuando se acercaba un día de muertos, entonces le compuse una “calavera” en la que me mofaba de él, que andaba por las calles en una motoneta. Era una cosa de chiquillos, porque a lo mucho yo tendría unos 10 u 11  años.

La muerte ya anda muy cerca

del probre de LK…

es lo único que recuerdo del texto, pero para variar, sólo sonrió.

Poco tiempo después se fue a dar clases a una escuela algo lejos de casa y ya no pudimos asistir.

Así pasaron los años, pero algo pasó un verano. Mi hermana y yo andábamos de vacaciones vistando a mis tías en otra ciudad.  Mis papás nos hablaron por teléfono, les urgía localizarnos.

Estaban asustados porque resultó que ese hombre que me sonreía luego de cada una de mis trastadas, era nada mas y nada menos un asesino serial buscado por el FBI. Por eso el nombre no importa, ya que tenía tantos nombres como países había visitado mientras huía. Esa información se difundió en el noticiario de Jacobo Zabludovsky, en horario estelar a nivel nacional.

Pero volvemos al asunto de que los padres buscan lo mejor para nosotros y precisamente ya que estábamos escarbando en asuntos de la infancia, salió a colación aquella mujer a la que le apodabamos “La loba”.

Era una jóven de baja estatura, algo regordeta sumamente callada que ayudaba en las labores de la casa y por las tardes estudiaba radiología. Llegó recomendada por una pareja de doctores que como único inconveniente le advirtieron a mi madre que guardara todo tipo de pastillas y medicamentos en un lugar seguro.

Resulta que esta mujer era hipocondriaca y si le dolía la cabeza no dudaba ni un momento en tomarse un puño de pastillas de paracetamol, ibuprofeno o lo que cayera en sus manos.

Tenía la costumbre de ser excesivamente sigilosa por lo cual regularmente no asustábamos con ella. Le gustaba salir de noche (de ahí su apodo). Para ver televisión con nosotros, en vez de sentarse en la sala, se quedaba parada observando atentamente tras las celosias. También tenía la manía de sacarse sangre de la nariz y escribir con ella sus apuntes de la escuela. Recuerdo que sus cuadernos eran minúsculos, igual que sus letras. Diminutas pero parejitas, como de imprenta.

En cambio cuando escribía con sangre, debido al grosor de los dedos, los trazos eran como escobazos sobre la hoja que acababa arrugada por la humedad y tendía a tornarse de un tono marrón.

Punto bueno: gracias a ella a los 9 o 10 años me sabía todos los huesos del esqueleto.

Sin embargo, sobrevivimos a “La loba” aquella tarde cuando harta de nosotros nos dio un cuchillo a cada una de nosotras para que nos matáramos.

Creo que por eso y otras cuantas peripecias, tengo horror a que alguna persona venga a hacer labores del hogar en mi casa, también a que los faes se alejen de mí a dónde no pueda verlos cuando vamos en un lugar público. Entre otras paranoias asociadas con los medicamentos, los lugares oscuros y las persistentes luchas contra los demonios que andamos arrastrando por la vida.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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