Publicado en Mundo faerico

Amanecer estúpidamente feliz


Los días se suceden, primero muy lentamente, luego, es como adentrarse en un tirabuzón que nos lleva hacia lugares que nos hacen cambiar nuestra existencia.

Un día cualquiera, en el que la felicidad se hace presente. No existen razones aparentes, aún cuando el sólo hecho de respirar y levantarse sea un milagro, la felicidad a veces tiene causas muy específicas. No fue el caso.

La elaboración de un nuevo murciélago concluyó al caer la tarde.

Parecía un día cualquiera pero la puerta se abrió de improviso y todo cambió. El Dwende llegó con el ojo lleno de sangre, una mancha cubría todo su iris impidiéndole ver.

Luego urgencias, hospital, miedo, incertidumbre.

Los días han pasado, nos esperan meses de mucha paciencia, doctores, tratamientos, de ir poco a poco asimilando que la fortuna lo ha sonreído y que la recuperación será muy lenta, pero posible.

Ahora todo el peso de la tristeza, la desesperación y la frustración acumulados en el cuerpo intentan salir. Es una pesadez que nos invade. Pero la vida sigue su curso, debemos confiar en que el tiempo hará su parte y que el cuerpo es sabio.

El reto es recuperar la vista.

Mientras tanto, nos negamos a sucumbir ante el silenco.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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