Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Cierre, por fin estoy a punto de despedirte.


Copia de palomilla-WEBFuente de imagen: Brunof

Parece que se va,

pero el último jalón…es el mas tardado.

Casi acaba, uno de los años más terribles de mi existencia. Pero… como escribió Paez “quien dice que todo está perdido”.

Las pérdidas de personas queridas son inevitables, despedimos a algunos de los nuestros y los honramos en nuestra memoria. Ellos nos hacen reflexionar sobre la fragilidad de la vida y a la vez sobre el hecho de dejar algo de nosotros sembrado en los demás.

La estrechez se hizo presente y hubo que vivir el año ajustando aquí y allá para poder cerrar con algo de dignidad. Así más que vivir, sobrevivimos y aunque a veces nos sentimos demasiado ajustados, luego de escudriñar un poco entre los recovecos de la vida, vemos que la abundancia no es sólo dinero.

Hice un pacto con mi corazón, lo entregué “formalmente” con un beso bajo la lluvia de verano un amanecer. ¿Tanto es posible? Efectivamente, no puedo negar que la magia existe. Es cierto que duele dejar volar un sentimiento que permanece anclado aún contra toda razón. Pero ese músculo parece mandarse solo, por eso debo aún mantenerlo a raya. A veces quiere escapar y volver a un lugar al que ya no pertenece y donde la puerta se ha cerrado tiempo atrás.

A pesar de los hospitales y el ver como despojan a las personas queridas de su seguridad, esas estancias no fueron fatales. Aún me aterra volver a ocupar esos sillones y esperar a que los médicos den diagnósticos. Por fortuna, todo diagnóstico fue positivo, con todo y secuelas, medicamentos y paciencia.

Los libros estuvieron ahí, cobijando mi existencia, permitiendome volar hacia puertos más seguros cuando mi realidad era una especie de maraña tan enredada que apenas se lograba ver la orilla.

Dejé de ver a amigos muy queridos por diversas circunstancias y volví a ver a algunos que tenía abandonados. Pero este año comenzaré de nuevo a tejer esos hilos que no quiero perder en mi vida por ser muy importantes. Espero que la Mujer del Diván Anaranjado perdone mis omisiones, sabe que no son un acto volitivo, sino un hecho meramente de saturación existencial.

Aún me queda esa nostalgia pesada del descubrimiento de mi libertad y de las restricciones que tuve para hacer algunas cosas que consideraba importantes.

El trabajo me permitió viajar a Hermosillo, Morelia y Pachuca, de nuevo reafirmo mi amor por este país lleno de lugares sorprendentes, comidas diversas y climas extremos. El chocolate de Morelia hizo que mis desayunos allá fueran todo un deleite y Pachuca me hizo adentrarme al mundo onírico de Dalí.

Reaprendí a usar mis manos, la parte creativa que había suprimido resurgió en forma de cuadernos y murciélagos, una nueva forma de canalizar mi existencia. Además me convertí en compinche de cocina y ahora hay sabor a ron de coco y mango con chipotle en mi vida.

La máxima del año fue: Fluir, además de haber encontrado a las hijas de la Diosa, de una manera inesperada. Encontrar otras mujeres interesadas en descubrir, aprender, crear, comprender fue esperanzador.

Casi cierra el año y me he deleitado con las pláticas de Tita que en Junio nos hizo reunirnos y llenarnos de alegría por saber que el único puerto seguro al que podemos arribar es la familia.

Papala sigue aquí, a través de un Hada que siembra y teje, veo su legado. Ya llegará el tiempo de volver a vernos, pero la Navidad llevará siempre su toque particular.

Se abrieron algunos portales en los que el Castillo sigue siendo muy importante. Tal vez no hubieron suficientes letras, tampoco lectores. Pero no importa. Este también es mi espacio, limitado en el sentido de que a veces las letras se han quedado cortas, no alcanzan para expresar todo lo que se pudiera hacer.

Así despediré al 2013, haciendo un recuento de los puntos buenos, que a pesar de ser muchos, este año se vieron opacados por circunstancias dolorosas y amargas que confío irán sanando.

Se cierra un capítulo mas ADIÓS, ADIÓS 2013, estoy agradecida de que no vuelvas jamás.

Ahora el péndulo oscila hacia otros lados.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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