Publicado en Cuenterías

Rompiendo paradigmas


paris victoriaFuente de imagen: Victoria Frances

Otra vez, me enfrento a un reto, me maravillo. Es impresionante lo que se logra a raíz de una idea. Una reunión bastó para detonar (justo eso) un sinnúmero de ideas que se van materializando.

Un sistema, justo de la magnitud de un juego que vale la pena vislumbrar. Es la medición de lo que se puede lograr bajo presión. Es el ir ajustando las partes de un enorme todo a partir de pequeñas pistas que se encuentran dispersas y aún en estado larvario.

Ajustes, en los que las partes se convierten en todo. Una vorágine que nos devora el seso, el caer y volver a subir, el enfrentarse a la encrucijada de cometer errores y enmendarlos.

Sólo una regla es precisa y debe preservarse hasta el fin: no caer en el hospital.

De ahí en mas todo se vale. No es lo que se obtenga lo que lo hace atractivo, es el saber hasta dónde se puede construir a partir de la nada.

Las piezas del tablero se han movido, los peones se dirigen hacia la otra orilla, buscando un espacio seguro.

El rey se asoma imponente y se sube a la atalaya que todo lo ve, hace sus anotaciones, cuestiona los resultados, anuncia los fallos con esa mirada penetrante y a la vez misericordiosa de sus ojos.

El lacayo atisba entre líneas intentando desentrañar los misterios que se esconden aún al cobijo de las sombras.

Un timbre de voz pausado pero con la dureza necesaria para comprender desde la primera vez quien tiene el control.

¿Será?

El alfil bajo el sayal observa y responde atendiendo el juego. Le han dado la orden de permanecer al frente mientras las caballerizas se van llenando a contra orden.

Apenas una mirada breve le permite saber cómo se ha construido la jugada. Unas pistas lo han puesto en alerta, todo se ha preparado de antemano y las piezas creen tener el libre albedrío. ¡Estúpidas!

Una mirada más dirigida a atender al rey. Abre desmesuradamente los ojos y lanza sin piedad ese superlativo imperioso.

Caen las hojas, que el lacayo, a modo de amanuense ha ido llenando.

El brillo letal y metálico abre de tajo el tejido burdo que oculta la identidad del alfil.

Una expresión gélida enmascara el rostro del rey. Se sabe descubierto. El sayal en el suelo abierto como un loto deja ver la carne desnuda y palpitante de su amo. Ese demonio en cuerpo femenino que le hizo creer siempre que tenía el poder.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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