Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Oscurece


“¿Qué si le temo a la muerte? Todos los días camino a su lado. Lo que quiero ahora es trascenderla. Silenciarla”

Del Toro, G.; Hogan, Ch.

espejo+narcisismoFuente de imagen: Imagina 65

Como si algo se hubiera apagado de pronto, es la terrible sensación de vagar en la oscuridad. Tantas cosas en tan poco tiempo. Buscamos desesperadamente el sueño, pero cuando por fin llega se torna intranquilo. Todo se remite a girar y girar en la cama. No hay descanso posible.

Nos despertamos, con la angustia anclada en el pecho. La noche no basta. La muerte nos acecha y nos hundimos en la oscuridad de sus cuencas frías, como hipnotizados. Buscamos calor y sólo descubrimos la ira sofocándonos.

Suplicamos por el consuelo de las lágrimas, pero éstas no llegan. La garganta seca, emite monosílabos ahogando el horror y los gritos, que debieran salpicar las paredes.

Vemos la piel que se va oscureciendo con el paso de los días, y la miseria se presenta como el reflejo burlón en el espejo. Lo hemos visto antes, no hay novedad en ello. Tal pareciera que nos hemos secado por dentro y nuestra máscara se ha curtido en una expresión afable.

Evadimos el dolor y la rabia, hundiéndonos en otros mundos, llenándonos de actividades cotidianas hasta el hartazgo para mitigar la sensación de pérdida. Controlamos los pensamientos adoloridos, con la poca de cordura que va desprendiéndose a jirones de nosotros.

Quisiéramos usar nuestras manos para cobrar venganza y volver a la arcaica ley del Talión. Sangre por sangre, dolor por dolor, dentellada por dentellada. Hace tiempo que dejamos el miedo atrás, ahora sólo impera la desazón, el sabor acre y el tacto adormecido.

Nos oscurecemos, por dentro nos cubrimos de sombra, el cuerpo estorba haciéndose cada vez más pesado. Arrastramos las palabras con el afán de comunicarnos cuando nos apetece más cerrar la boca y tragarnos las palabras una a una.

La cama se endurece ¿acaso son los músculos? No se tiene la certeza de la batalla ganada, sino sólo el campo apestado, las voces cayendo desde el otro lado de la línea, la voz cansina y recurrente que nos taladra sin piedad los oídos. Es la terrible sentencia de la sangre sobre el rostro hinchado. El recuerdo persistente de la mirada más triste y más vulnerable.

Despertamos adoloridos. Una noche más.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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