Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Hechizo de lluvia


“Acuérdate de mi una vez al día, las demás espántame”

Mastretta, A.

df 3

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

No suena; nada suena como solía hacerlo, quizás por eso los windchime están quietos, pasa el tiempo y no existe torniquete que pueda curar la herida. La aorta sigue goteando.

A veces, intento por todos los medios apretarla, de tal manera que no haya fuga posible, pero basta un instante, un recorrido un olor y vuelven en oleadas los recuerdos.

Ya no quiero que duela, no quiero que siga latente ese sentimiento, ya no quiero fisuras en mi cabeza, pero sigue ahí tu nombre, como si de una espora se tratase, esperando que de nuevo las cosas se realíneen.

Espero en la noche, en la madrugada, incluso en el día, un sonido conocido que me arrulle, que acalle las voces que rugen en mi pecho y que a fuerza de controlarme he llegado a aquietar.

Intempesivamente, vuelve tu nombre arrastrado sin misericordia por el viento. Tres veces seguidas, se infiltra sin compasión en mi cabeza: Kurai kaze, kaze, kazeeeee. Como un silbido persistente.

Creo que algo no marcha bien, no existe un razonamiento que me explique las causas de ese sentimiento. Peor aún, no sé porqué persiste, cuando acabé “descastada”, cuando las puertas azules se cerraron y emigraste al lugar de techos rojos. Cuando el ladrido cesó… Demasiados detalles.

Lo cierto es que no logro encontrar silencios como esos. Las sombras tristes y frías que en ese invierno nos cobijaron, no pueden arrastrar o lavar la persistencia del recuerdo. Estamos tan distantes y a la vez tan cerca.

Pareciera una confesión abrupta, pero ambos lo sabemos. Hay algo, algo que está ahí anclado, adolorido, triste, azul. Tan azul, seco y amargo que acaba volviéndose violeta. Unas marcas indelebles en la piel, son un sello de sangre. Pudiera ser esa la clave, están ahí para tí, lo sabes, sin embargo no son tuyas. La única certeza es que soy responsable de mis sentimientos, sólo eso.

Tengo que volver a sumergirme, en el mundo real, dejar a un lado el mundo creado en el que alguna vez, una vez, una vez…

Era una vez la lluvia de verano, donde creí que había cerrado un ciclo y con tristeza, veo que aún late adolorido y sanguinolento, el tajo de lo que alguna vez fuimos.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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