Publicado en Cuenterías

Escribía, hace eones


“Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito”

Murakami, H.

Loui Jover

Loui Jover

Fuente de imagen: Artodyssey

Recuerdo cuando escribía, era como una forma de respirar. Mis dedos golpeaban rítmicamente el teclado dejando que las ideas se fueran plasmando en los enunciados.

Parece que eso ha terminado. Ahora las palabras se han vuelto espesas, algo pastosas. Se quedan adheridas en algún lugar de mi cabeza, negándose a salir.

No hay nada que hacer, sólo permitirles que aniden ahí por tiempo indefinido, nada puede obligarlas a despegarse. Tal pareciera que se han acumulado tantas, que la cabeza quiere estallar al ocaso. Es el bam-bam ajustándose al cráneo. No tienen forma de salir y por eso se convierten en una especie de latidos primero lentos, luego a costa de altas dosis de medicamento, se aletargan.

Faltan las ganas de expresar el mundo, éste se ha vuelto pequeño, limitado a unas cuantas paredes unidas por un largo pasillo, húmedo y oscuro.

Ignoro a qué se deba semejante apelmazamiento de las palabras. Hipótesis tengo muchas, pero no parecen tener bases lógicas o comprensibles.

Recuerdo cuando escribía, en esa época, había un grupo de letrantes como yo, que criticaban duramente cada frase y te obligaban a ajustar una y otra vez los enunciados hasta logar textos que no sólo eran coherentes, sino divertidos.

Cada noche nos entregábamos a jugar a construir mundos, a soñar con historias nuevas, a desempolvar aquellos anhelos arcaicos, entonces, unos a otros, reconstruiamos fragmentos partiendo de la nada. Esas ideas aún ignotas, iban tomando forma… hilemorfismo, como decía el profesor de griego.

Acaso algunos factores externos a mi persona, también tuvieran que ver en ese proceso álgido de escritura, donde los textos eran más amplios, como olas que se fueran desplegando hacia una playa soleada y tibia. Esa chispa denominada amor con un toque especiado.

Otras veces la imperiosa necesidad de vomitar todo aquello que se iba incrustando en el cuerpo, el adormecimiento causado por las crisis de una existencia conflictuada y enfrentada consigo misma.

Pero algo pasó. No puedo definir a ciencia cierta en dónde estuvo ese cisma entre mi yo, y las letras.

Puede ser que a últimas fechas, algo más denso ha embadurnado la existencia, que la sombra del miedo se hace presente y me impide ver qué colores tiene el mundo.

Acaricié demasiado el círculo hasta volverlo vicioso, ahora no existen espirales dialécticas, únicamente circulos que no me llevan a ningún lado.

Es el polvo que también se me ha ido acumulando en las falanges, endureciéndolas hasta impedirles seguir lanzando palabras a raudales.

Sigo aquí, en el crujir pastoso de mi cerebro se va formando una imagen, primero amorfa, luego adquiere algo de cuerpo y acaba por salir disparada hasta los dedos que en este instante brincan sobre el teclado.

Sigo, agonizo, tal vez la palabra.

Anuncios

Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

2 comentarios sobre “Escribía, hace eones

Platícame que piensas de lo que escribo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s