Publicado en Las que saben, Mundo faerico, Tita

De vuelta al todo


“Las mujeres necesitan vivir de vez en cuando en una atmósfera exclusivamente femenina”  

Pinkola, C.

mardi grass

Fuente de imagen: Internet

Entonces me remonto a los años de clan.  Las mesas cubiertas de comida, las risas de la mujeres, bajo las órdenes cariñosas pero firmes de Tita. Ellas son las que saben.

Vuelven las noches de luna y conversaciones hasta la madrugada, los juegos en el patio, el olor a las flores del mandarino, los duraznos, los rosales. La vida bajo nuestros pies.

Así era en todas las casas. Las mujeres amas del mundo, las curanderas, las sabias. Y las luciérnagas al atardecer.

Será que justo es el tiempo en el que se acerca la Semana Santa y que las mujeres grandes se preparan y seleccionan la comida. Tita quiere sopa de pan, mi tía ya busca las ruedas, el chile pasado, los chuales, el queso ranchero, planean hornear el pan para las migas y el harina para maizcrudos.

Las familias que están lejos, se preparan para regresar. Las casas solitarias se llenarán de risas. Irán los pequeños a seguir escuchando las historias que cuentan las piedras, hablarán de los abuelos, del ganado, de la cosecha, del río.

Visitarán las tumbas y desde el panteón podrán ver la fila de álamos que van bordeando el río. Allá sólo se escucha el viento, el crujir de los pasos y los ecos de sus memorias aún vivas.

En la plaza, los recuerdos de los tíos llenarán la banqueta, se escucharán sus discusiones por los juegos de baraja y haremos fila, para que el tío Jorge nos de su bendición.

El Tío Manuel, desde su tienda nos acercará una bandeja con jamoncillos y correremos felices hasta las canchas cerca de la casa del tío Simón, donde estaremos hasta tarde.

Regresarán nuestros pasos, por la calle empolvada y las casas irán encendiendo sus luces. Las personas saldrán a las banquetas y se saludarán unas a otras.

Al pasar por la tienda del tío Juan, los otros tíos estarán jugando al dominó. Y olerá a frutas de cobertura de las galletas betunadas. Atisbaremos por la puerta y estarán los enormes estantes de madera y el mostrador.

Mi tía Carmelita estará sentada afuera, mientras nosotros caminamos hasta casa de Tita.

Ahí, con Tacho, se llenará de luciérnagas y nos entretendremos juntándolas en las manos, hasta que llegue mi abuelo de jugar al dominó y nos diga que ya nos metamos. Platicará de todo lo que hubo en la tarde y de lo que platicó con Juan.

Olerá a café, a frijoles recién cocidos. Escucharemos las charlas de nuestras madres, quienes parece que nunca dejan de tener tema de conversación.

Nos asomaremos a las ollas llenas de leche bronca recién hervida, cubiertas con una gruesa nata que pronto saborearemos, espolvoreada con azúcar en una gran semita.

Le avisaremos a mis tío que ya llegamos. Y desde la puerta del patio se verán las luces de su casa.

Nos sentaremos en las escaleras a platicar. Se escucharán también los mugidos, balidos, gruñidos, ladridos, cacaraqueos, relinchos y hasta el aleteo de los murciélagos.

Estaremos ahí todos, en ese mundo que nunca acaba, que palpita en nosotros, que llevamos en la sangre y nos llama. Nos une esa nostalgia y corremos a refugiarnos en el olvido, metemos las cabezas en el asfalto, pero muy dentro de nosotros suenan todas esas voces que también somos.

Las estrellas les hablarán de la finitud y también de la eternidad. Escucharán los nombres de los nombres y los árboles les servirán de guía.

Habrá entonces abuelas, hijas, tías, madres, primas, nietas, sobrinas. Muchos roles, todas clan, todas bocas, todas pan. Benditas ellas donde estén.

Más de Tita:

  1. Viaje a mi pasado
  2. Recuerdos
  3. La casa
  4. Hombres de mi tierra
  5. Volvió a suceder
  6. Abuelo
  7. Mirada al viento
  8. Si el olor se guardara
  9. Recuerdos de Tita
  10. Sabores
  11. De mi tierra
  12. Sorpresivo recuerdo
  13. Desde la tierra de Jauja
  14. Esa querencia por la tierra
  15. Noventa años son un largo camino
  16. Ese polvo de mi tierra
  17. Versos de antaño
  18. Las cosas que me fascinan de Tita
  19. De vuelta al todo
  20. Días para Tita
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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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