Publicado en Cuenterías, Taller

Concreto


Dejo un texto que envié para la 99 de Las Historias de Alberto Chimal, quien mensualmente lanza un concurso.

Loui JoverFuente de imagen Loui-Jover

Arrastraba los pies, tan pesados, resquebrajados y hundidos, como el concreto. El cuerpo adolorido, el rostro ardiendo. El día lo había aplastado, la noche se había encargado de recordarle cuan fría y desolada podía ser.

Pero la humanidad se abrió de nuevo paso. Las persianas se enrollaron, salieron a exhibición las mercancías. Nada parecía haberse detenido.

Temblaba. Sentía crujir sus huesos y el incesante dolor lo iba constriñendo. Unos pasos más, una cuadra, una calle, la distancia que parecía insalvable.

Entre las sombras, alcanzó a distinguir una figura, que se adelantaba. Le parecía demasiado familiar, pero los oídos zumbaban, la sangre que nublaba su vista, el olor acre en la boca, la hinchazón en el vientre.

Alcanzó a escuchar apenas el ladrido. Motas siempre exigía las sobras. Rosa y Chayo estarían sacando las mesas, tal vez preparando la salsa. Pero Lola, alcanzó a verlo, como si fuera un monstruo, como si no lo viera, como si el grito se le hubiera pegado en la garganta.

Entonces, dentro de él, un último crujido, el estertor y el frío, siempre frío concreto.

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Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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