Publicado en Cuenterías, Mundo faerico

Encuentro y despedida


“¿Cuál era el problema entonces? qué andaba siempre en otro mundo”

Serrano, M.

mardi grass

Fuente de imagen: Internet

Lleva el cabello largo, trenzado y cubierto de flores. Conoce perfectamente el camino, lo ha recorrido quizás miles de veces, pero sabe que es esta la noche de las hogueras.

Siente en su piel el viento fresco y su rostro se transforma a cada paso, es la doncella, la madre, la anciana, la portadora de la cerradura en el pecho y la llave en la mano.

Oscurece, las sombras no la detienen, por el contrario, ha aprendido que se ve mejor con los ojos cerrados.

Concentra su atención en los ruidos a su alrededor, el roce de su vestido sobre la hierba, los insectos que cubren el suelo, los aullidos lejanos. Sigue atenta a los esporádicos grupos de luciérnagas pero no tiene mucho tiempo para el embeleso. Esta noche carga la consigna del fuego.

Le llegó la notificación con el sello del carnero, sabe que la esperan, así que apura su andar, porque atrás ha dejado su territorio.

Por fin alcanza a ver la luz que se cuela a través de la ventana, se da el lujo de esbozar una sonrisa, los latidos de su corazón se aceleran y siente el cosquilleo en el brazo.

Sube los peldaños y llama a la puerta. Un sonido seco y grave se escucha. Entonces saca entre sus ropas el sobre, rompe el sello y lee en voz alta lo que ha sido escrito.

Escucha atentamente cómo un sonido lejano y apenas perceptible va haciéndose cada vez más claro. El brazo sigue molestando, ahora parece un entumecimiento, pero está segura, ha llegado justo para entregar la llave.

La puerta se abre y ahí está él. La misma mirada que parece brillar al verla, se acerca y le acaricia el rostro. Es la misma y es otra, es la que muta, la Donii, la custodia.

Con señas le pide que alce la mano, entonces puede ver claramente que los dedos se han convertido apenas en unos brotes. La invita a entrar y le rocía unas gotas de un líquido espeso color azul violeta, que le ayudan a calmar la molestia. Por lo menos no dolerá, pero es inevitable que regrese a su forma elemental.

Falta poco, ambos lo saben, las puertas están a punto de volver a abrirse, entonces, cuando crucen el portal, despertarán alejados de sí mismos, irreconocibles, en un lugar distinto, un tiempo distinto. Pero sabrán reconocerse. Ella entonces le entrega la llave y se deja llevar por el cosquilleo constante de su cuerpo, ahora completamente vuelto a su estado herbal.

Él la toma entre sus manos vuelta semilla, tendrá que llevarla hasta el lugar acordado, pero crecerá. Susurra las palabras que sólo él conoce, sin ellas el regreso sería imposible.

-Volveremos a vernos, esta vez sólo tomará unas cuantas vidas.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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