Publicado en Las que saben

Hueso, hueco y tierra.


“Nos encontramos en una sociedad criminal que destruye al ser”

Jodorowsky, A.

Nicol VizioliFuente de imagen: Nicol Vizioli

Era la tierra y mis manos hundiéndose en su resequedad. El sol ardiente en mi espalda y el inicio de ese hueco que daría nueva vida.

Un reto que las matriarcas, un reto de la sangre, un reto que pareciera un simple foso sin mayores complicaciones. Pero la ciudad atrofia.

El clan me regresa a la  tierra, entonces escojo el lugar y doy los primeros golpes. Los trozos de tierra se desprenden, sobre la superficie yerma. La pequeña azada se hunde una y otra vez, las manos arden, los labios se secan, el sudor resbala.

Estoy atrofiada de mi yo, el ser salvaje que habita en mí ha estado durmiendo demasiado tiempo. Sonrío con cada golpe para abrir camino. ¿Qué encuentro debajo?

Grumos, vidrio, trozos de barro y de ladrillo. ¿Por qué cuesta trabajo algo que es para otros tan sencillo? Mis pensamientos se concentran en romper la superficie. La pala se hunde y saca al principio paladas pequeñas.

Me concentro en remover la tierra y sacarla a paladas. Con cada golpe vuelvo a recorrer el nombre de mis abuelas, el nombre de mi abuelo, el campo que tantas veces abrieron, los surcos anchos abriéndo la boca para recibir la semilla.

¿Por qué nos alejaron de la tierra? ¿Quién les dijo que la ciudad era mejor para vivir? ¿Por qué nos cortaron el conocimiento y nos engañaron diciéndonos que en las ciudades estaba el progreso?

El foso se hace más profundo, pero la tierra se desprende de los lados y debo buscar cómo apuntalarlo. El sudor sigue corriéndome por el rostro, las manos me arden de haber estado siglos lejos de la tierra. Su palpitar duele, la fricción contra la herramienta duele, las uñas duelen, el brazo duele.

Siento que ese dolor es de lejanía, de falta de movimiento, de una ataraxia física tan lejos de la tierra y tan cerca del asfalto.

Me conmueve ver cómo quedan los trozos del mismo barro y ladrillo conteniendo las paredes del foso.

Así queda entonces mi pequeño tributo a lo que deberá ser un generador de vida. Ahí se depositará todo aquello que la misma tierra da. Es el sitio perfecto para la composta, para una neófita citadina, para una Palomilla que tiene un tambor en el pecho que le dice que escarbe en los huesos y hasta los huesos.

Mis manos sucias, mi cuerpo cubierto con ese líquido salino, el entumecimiento de los brazos pero la sonrisa. El clan también está dentro de mí. Ahooo.

Anuncios

Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s