Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Somos


mardi grassFuente de imagen: Funny pic

Los padres somos ese hato de personas que tenemos más dudas que certidumbres. Que nos enseñaron a educar con base en la experiencia ajena. Pero como se dice en mi país “Nadie aprende en cabeza ajena”.

Nos enfrentamos primero a seres pequeños y frágiles que luego de una noche de llanto nos parten no sólo los sueños sino los nervios, ya no digamos las fantasías que nos inoculan cuando niñas, sobre la perfección de las muñecas a las que traíamos arrastrando del pelo, mal vestidas y embarradas de cuanta cosa por intentar darles de comer.

Tanto desvelo, susto y sobresalto vale la pena a la hora en la que uno ve sus rostros apacibles entre las sábanas y quiere que sean así de hermosos eternamente.

Pero la verdad es que ellos, no son nosotros. Especialmente cuando “antes”, las reglas del juego socio-cultural eran distintas. Además, aumentan las diferencias, cuando uno acaba siendo parte de eso que les ha dado por denominar: familias disfuncionales.

Sin ahondar en esos estereotipos, que tanto les gusta mencionar, al igual que la típica frase: ¿y no creen conveniente ir al psicólogo? Ahora los padres nos enfrentamos a la dura y contradictoria crítica del: No eres suficientemente dura con ellos, o por el contrario, lo eres demasiado. O al “Deberías de…”, etc, etc.

Además, de que esos seres que están temporalmente “a nuestro cargo”, tienen sus propias constelaciones, retos, dudas, inquietudes, ambiciones y más, que a final de cuentas, nos son ajenos.

A veces, con el paso de los años, nos damos cuenta de que vivimos esperando que nuestros deseos se cumplan, queremos hijos perfectos, deportistas, artistas, científicos, líderes…insisto: perfectos. Y construimos castillos con esos pilares, nos regodeamos con lo que consideramos sus éxitos y los pregonamos por los siete mares.

Pero ¿qué pasa cuando las cosas no son vida y dulzura? Cuando los hijos se ven arrastrados por sus propios deseos, porque a cierta edad se vuelven vulnerables ya que no están bajo nuestras alas, cuando ya no podemos traerlos de la mano, ni en casa y cuando el “no te vayas a dónde no pueda verte” está más que superado.

¿Qué decisiones se debe tomar cuando les ofrecen el sol, la luna y las estrellas en otro lado?

A últimas fechas en lo único que sigo creyendo, es que se educa con el ejemplo, así que me aferro a eso, tan firmemente que ya tengo el cuerpo adolorido de tanto aferrarme. Entonces la duda se infiltra por el intersticio mas cercano y me pregunto ¿valdrá la pena estar así tan aferrado a alguien? ¿Valdrá la pena insistirle una y mil veces más lo que puede hacerle daño? ¿Vale la pena seguir peleando por los castillos que construimos en el aire?

Entonces Jodorowsky nos propone para este día el siguiente ejercicio que espero que me de claridad: ¿Si no es aquí, dónde? ¿Si no es ahora, cuándo? ¿Si nos soy yo, quién?

Anuncios

Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s