Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Despedida


“Existimos porque alguien está pensando en nosotros y no al revés”

Princesasmanos

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

La llamada, esa que no se quiere recibir. Las palabras son concretas: todo ha terminado. Entonces se contiene el sentimiento, los recuerdos deben dosificarse para que no saturen la mente y el corazón. Me preparo para salir cuanto antes. Es difícil una despedida.

Hace dos meses mi tío Popo partió a dónde nadie más podrá seguirlo, hace un par de días mi tío Jesús. Se fueron en brevísimo tiempo un tío de sangre y otro de amistad. Es que el tío Jesús estuvo en la vida de mi padre desde la infancia, más de 50 años de amistad, eso es medio siglo. Estuvo también acompañándolo cuando despedimos a mi tío. Brevísimo es la palabra adecuada.

Se fue a descansar, luego de un mes de lucha. Porritas, le decían muchos. Y andaba con sus pasos breves y su sonrisa franca al lado de mi papá. Su mejor amigo, su cómplice, su compadre.

El tiempo nos llevó a coincidir los últimos años en el lugar de trabajo, mi tío cruzaba el jardín con mi padre casi todos los días, a menudo me tocaba verlos por la ventana. Ayer, mientras veíamos como el féretro descendía, mi padre murmuró: “No sabes cómo lo voy a echar de menos. Todos los días a las 12 me hablaba para irnos a comer algo”

Es que mientras la vida pasa, hay miles de instantes que se van quedando y esa amistad era a prueba del tiempo, de los cambios, de las tardes de café, los desayunos, las llamadas.

Ayer bromeaban diciendo que le iban a dar a mi tío el record oficial de ahijados, entre ellos, mis dos hermanas. Es que su carisma le abría las puertas de muchas personas.

Mi madre, por su parte, se siente triste porque las personas cercanas a ellos, de las mismas edades, se están despidiendo, entró en conflicto ante la fragilidad del ser humano, aún no se repone de la carga empática con mis tías, que ahora son viudas. Es cierto, estos años han sido así. Primero Paco, luego Papala, Popo y ahora Jesús.

Se van y no hay nada que podamos hacer para impedirlo. Le digo a mi madre que por mi parte vivo acompañada de la muerte, que todos los días me susurra bajito al oído. No le gusta la idea.

Lo mismo pasa con Hada, cada tanto tiempo sucumbe ante la duda de la muerte. Dice que nunca se va a morir, que no quiere cerrar los ojos y no volver a ver, que va a dejar de sentir. Aún no acepta que esamos de paso y que todos cruzaremos por esa puerta.

Por lo pronto, nos retiramos con un hueco en el pecho, un sermón religioso, un puño de tierra, cientos de flores y la colección de instantes que cada uno pudimos conservar.

QPD Jesús Porras.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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