Publicado en Las que saben, Reflexiones de la Palomilla

4. Bestiarias: Deja que te cuente un cuento


“La brujería es actualmente el lugar de las mujeres disconformes que no se resignan a su destino de silencio de las que hablan sin permiso y ríen en exceso, de las que nos animamos a tomar la palabra”

Costas, N.

Venus-Laussel

Fuente de imagen: Cadena Ser

Cuénteme su historia de mujer.

Érase una vez…

una niña, enclenque, diminuta, que cabía en una caja de zapatos, una niña que se subía a los árboles, que esperaba con ánsias las vacaciones para irse a la tierra, volver a la casa de Tita, que amaba la lluvia en las mezas y las conversaciones del abuelo. Érase la historia de una mujer que desvió su camino una década, que se hundió en un infierno que la hizo comprender que aún era tiempo de cambiar. Érase una madre que no sabe si vale la pena eso llamado disciplina férrea o más amor, cercanía y colección de instantes.

Érase que una noche, varias décadas después de haber venido a este mundo, se prometió que no dejaría de seguir su propio camino. Supo que el caer hasta el abismo, es también una oportunidad para ver la luna desde el fondo del pozo más oscuro.

Esto fue algo de lo que encontró en el trayecto:

Ella es parte de las brujas que fueron perseguidas, mutiladas, borradas, pero regresaron. Se escuchan ya las hogueras y los tambores que les dan la bienvenida. Y las lunas sagradas las animan en este camino hacia ellas mismas.

No existe para ellas un dios, ni una iglesia, ni un hombre a su lado que las domine. Son las salvajes, las que caminan por el mundo buscando las huellas perdidas de todas las ancianas que son su soporte. Las que buscan la verdad fuera de los yugos patriarcales, las caminantes, las cantadoras, las cuidadoras de las letras y de la lengua.

Pero también son las que aman con todo el cuerpo, las que curan con las manos, las que se desatan cuando es necesario y las que portan el wakisashi y la hakama con el honor del viejo código.

Descubrió que no permitirá que le digan que vaya y rece ante una imagen en la que no cree, que no le digan que le suplique y que le haga penitencia. Que no le digan que esa es la verdad absoluta y que es blasfema por no seguir preceptos dañinos. Porque más allá de esa religión domesticadora, existe el yo, el todo, el uno. El theos que no tiene género ni religión. Porque la existencia es sagrada, ella como todas es sagrada.

Es que escarbar y escarbar es su arduo trabajo, hurgarse el cuerpo y el espíritu para arrancar de tajo las decepciones, las envidias, las frustraciones, los dolores, las tristezas. La humanidad que carga sobre los hombros.

Qué es la historia sino un cúmulo de instantes. Uno nace, crece y día a día va muriendo. Eso lo sabe quien pisa con paso firme la tierra y siente en los pies la frescura del pasto húmedo.

Episodios absurdos de la existencia, se nulifican una vez que se ha aprendido la lección. Así que baste decir que se sigue caminando, que la prueba que está frente a ella y que debe enfrentar, es también oportunidad. Tiene derecho a cambiar de opinión, a deconstruirse cuantas veces quiera.

Es el escudo que se va construyendo a lo largo de la existencia, donde el sol y la luna se conjuran para seguir cruzando el firmamento día a día.

Colorín, colorado, este cuento se sigue hilando.

1. Diosas, Brujas y Sabias

2. Sexualidad

3. Hablantes, soy la que cuenta cuentos

4. Deja que te cuente un cuento

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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