Publicado en Apocatástasis

Desde la luna


 Por cada cicatriz, la cura: una caricia.

achu farolFuente de imagen: Fotos Juan Castro

I

Me rompí la boca tantos años, pronunciando tu nombre,

hasta que alguien vino a curármela a besos.

II

Cuatrocientos años naufragando en este mar sin memoria.

Delfines salitres y pupilas rotas.

Es tu puerto el descanso de este viaje.

Tu cuerpo mar embravecido; luego, playa.

III

Hay que verte los labios cubiertos de susurros.

El calor de las palmas siempre abiertas.

Como esperando tranquilamente el ascenso al mítico nirvana.

Mientras me hundo en la contempación ociosa que bordan tus palabras.

IV

Abrió de par en par las puertas,

llenó el hueco del pecho con inciensos y desplegó como ave una plegaria,

era un nombre cruzando aquel desierto.

V

El palpitar acuoso, salino, primigenio.

Piernas-aletas, manos-lianas.

En la selva imaginaria de paredes frías, espaldas-alas.

Bocas-dentelladas.

Salpicado de carmín el suelo, concluye la batalla.

VI

Con los dedos lengua voy bordando,

palabras antiguas y dormidas,

somnolientas de tantos olvidos,

pero bajo esta tibia piel guardadas.

Fue el arrullo tenue de sus manos,

abundante de suaves caricias,

el ladrón que llegó a irrumpir sin tregua,

esos días bálsamo,

esos mapas,

esas colinas.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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