Publicado en Reflexiones de la Palomilla

¿Hasta dónde?


No sabemos. aquí nada, todo es un estancamiento.

¿Hasta dónde, hasta cuándo?

La pregunta de siempre ¿Por qué yo sí?

Tu sabes cuántas veces te lo he preguntado. ¿Tienes la respuesta? Una vez más he sido yo, la que “tuvo qué”. Es qué esta no es tu historia.

Ese día, me hiciste totalmente feliz, veniste una tarde fría de invierno y estabas envuelto en una pequeña cobija. Eras tan pequeño y frágil. El tiempo pasa como una ráfaga.

Hace ocho años, fue el caos, aún recuerdo tu expresión aterrada e iracunda. Toda tu ira que tuvimos que manejar, el comprender, el avanzar juntos, siempre juntos.

Los años pasaron junto con las etapas. Luego creciste y entraste a esa etapa rebelde en la que yo me proyecto, pero tengo que guardar la distancia de mis emociones y pensar fríamente.Tres años difíciles, de entender, de aprender, de romper paradigmas, de sanar para no dañar, para no interferir.

Aprendí a no ofender cada vez que me decían que los malos éramos nosotros, que algo estaba torcido en nuestra vida, que fuéramos una y otra vez al psicólogo porque seguramente algo no nos  funcionaba. Los tres sabemos que no es cierto, Es fácil juzgar cuando se puede estar felizmente tomándose un café mientras uno tiene que jugarse todas las cartas.

Hace varios meses pasó lo de tu ojo, creí que no habría remedio y lo hubo, Duro trance, pero si sola soy fuerte, al lado de ustedes son invencible.

Entonces esa noche de enero, la ambulancia, tu rostro, tu miedo, tu impotencia y la mía. Que nos llevó a reconstruirnos una vez más. ¡ves qué fuertes somos!

Hoy luego de 42 días, 1 día. No estás. Y pareciera que todo el trabajo que hemos hecho, lo que hemos crecido, lo que hemos aprendido se fractura. Bastó una noche para que echaran por la borda nuestro trabajo.

¿Qué hicimos? Sólo estamos hartos, de gritos ajenos, de ataraxia, de monotonía, de silencio. Nos hundíamos, tan sólo queríamos respirar.

De nuevo te lo digo, no es tu historia, tu no debes crecer igual que yo, no debes cargar la parte de mi constelación en la que no estoy de acuerdo. Mis reglas son otras y tú has crecido con ellas. Aquí no hay espacio para ser, sólo ecos, de lo que alguna vez fue, pero que se perdió, se fue opacando. Aquí un par de islas, yo una sombra. ¿Cómo te puedo guiar si sólo soy sombra? ¿Cómo puedo plantearte mis ideas si aquí no están de acuerdo? ¿Cómo ser quien soy si aquí no está autorizado ser?

Porque aquí “nadie grita más que yo”, porque donde “Chango viejo no aprende suerte nueva” no hay una posibilidad de avanzar. Entonces te llevo, a donde en este momento estarás mejor.

Hada te extraña y se hace la fuerte. No quiere demostrar la falta que le haces. Yo no soy tan fuerte como ella, hoy dolió recibir los mensajes de Entrada y Salida. Dolió no estar ahí para recogerte, que nos platicaras de tu día y que salieras con tu música estridente y tu alaraca.

Dolió el abrazo de la cena y hasta los gruñidos. Esta mañana no hubo despertador en el cuarto en el que estabas. Porque aquí nada es de nosotros. Eso me lo dejaron claro desde hace un par de décadas. Duelen los huecos de tu presencia.

Me he quedado sin un brazo, porque sólo tengo dos faes, uno para cada ojo, uno para cada brazo, uno para cada pierna. He alejado a la mitad de mi. Cuando aún no era tiempo, cuando aún nos faltaban cosas pendientes, cuando había aún mucho que aprender.

Pero ¿si no tengo sororidad con mi madre, con quién podría tenerla? Tomé una decisión que es quizás terrible, en mis actos de egoísmo como madre, porque te quiero aquí pero no puedo retenerte.

Todo se ha adelantado, todo ha tomado un matiz de confusión, pero tengo ciertas certezas, entre ellas el confiar en tí, porque tienes un corazón noble, porque sabes ganarte el afecto de los demás, porque sabes que donde esté yo, simpre habrá un lugar para tí. Aquí no es nuestro hogar, aquí regreso a esos años de nulidad, aquí (aunque tu no lo creas), te compendo mucho mas.

Te extraño, grandote. Pero tienes unas grandes alas, te he educado para volar. Vuela alto corazón. Aquí donde yo estoy también está tu hogar.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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