Publicado en Apocatástasis

Pandora de otoño.


Escribir como catarsis, como terapia, como nuevo orden. Vomitar la ira, la impotencia, la estupidez ajena. Sola soy fuerte, en equipo soy invencible. Con la mitad de mi equipo estoy adolorida, hastiada, enferma, iracunda. Hasta la madre.

Caja de Pandora, demonios sepultados por muchos años, vienen a verme detrás de los barrotes. Es la loba, es su cuchillo, es Kegel, es el “echaste a perder tu vida”, es la mano pintada en la nalga, la justificación del obtuso “porque lo digo yo”.

Me caen encima como palos, son los insomnios que vuelven. Es el infantilismo donde otra adultez no cabe. Es el minimizar porque “así debe ser”. Es la cabeza estallando y el grito atorado en la garganta. Soy la ventana, el abismo, el ser torcido que se escurre mientras allá afuera el mundo sigue igual.

Es la peor pesadilla voldemorina, su maldición concretándose. Sus palabras se materializaron. Tanto construir para lanzarlo por la borda. La vida es esta cosa que se oscurece, purgando culpas de otros.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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