Publicado en Las que saben, Reflexiones de la Palomilla

Sombras, cobijo.


Desde mi trinchera hago lo que puedo, pero la verdad es que a veces no puedo más.

Batallas ajenas, no sólo de los hijos. Batallas en las que haces lo mejor que puedes, pero eres sólo espectador. Ser cuña, ser tierra fértil, ser espejo, ser antena, ser todo y nada. Desprenderse, vaciarse. Es lo que requiero.

Que las hogueras se eleven, que los tambores suenen, que la tierra vibre bajo mis pies. Requiero el aire que me rodea, el sonido de los corazones. Requiero a mi círculo, sin importar las distancias. Requiero volver a mi camino, volver a escarbar en mis huesos.

Ancianas que me sostienen, háblenme desde el centro. Qué la luz ilumine estos pasos en tinieblas.

La muerte y yo nos conocemos, nos hemos visto de muchas formas, a veces atractiva, otras violenta, otras como premio. La muerte que es la misma me llama y me deja. No le temo, la conozco. Pero sólo soy yo, en la paradoja de todo ser humano: ser finito con aspiraciones infinitas.

Muerte platícame.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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