Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Silencios o gritos. Hable ahora o lo callamos para siempre.


“¿Por qué la humanidad es incapaz de eludir la barbarie?”

Lessing, D

“Pero sentí más frío mirando los cuerpos, viendo a mi hijo sin que pudiera abrazarlo, tocarlo, limpiar sus heridas, sacudir su pelo, quitarle el lodo y la sangre”

Montemayor, C. (2010) Las mujeres del alba.

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Crecí rodeada de Normalistas, mi madre y muchos parientes míos son normalistas. Las escuelas Normales, son aquellas en las que estudian las personas que desean convertirse en maestros para todo el nivel básico y dependen de la Secretaría de Educación Pública. Se establecieron con el fin de cubrir las necesidades de alfabetización de la población. En la legislación de 1927 se estipuló que todas las normales tendrían internado y que los alumnos contarían con becas.

Por lo tanto desde entonces y hasta la fecha, las normales son casi la única oportunidad de estudios de muchas personas especialmente en zonas rurales. Éstas siempre bajo la mira de los que no aprueban que sean espacios de crítica y de reto ante condiciones adversas.

Mi madre estudió en una Normal internado, ella y mis tías fueron expulsadas por guardar un minuto de silencio como muestra de respeto a quienes en ese entonces participaron en la lucha y fueron asesinados. ¿Por qué? ¿Dónde tienen guardados los criterios que te etiquetan como una persona “inadecuada” para una sociedad.

Todo esto a colación por lo sucedido hace un par de meses en Ayotzinapa un caso mas, gotas no de vasos sino de odres que se derraman. Hay quienes dicen que “se lo merecían”, “¿Qué andaban haciendo allá?”…

No justifico la violencia, entiendo que hay quienes en las ciudades también vivieron una vida de carencias, pero aquí las oportunidades son mayores que en zonas rurales, hay quienes se atreven a juzgar a los padres de los alumnos por seguir clamando por justicia. Un padre hace hasta lo imposible porque sus hijos alcancen sus metas.

Otros dicen que están hartos de que cada vez más personas abramos la boca, en cualquier oportunidad, a través de los recursos que cada uno tengamos.

Pero no sólo es eso, hay demasiadas cosas detrás de este crimen, hay una barbarie que en esta ocasión no está relacionada con los grupos del narcotráfico, sino con las autoridades a las que nosotros mismos les permitimos gobernarnos.

Es esta crueldad, esta falta de “humanidad” y muy acertada la locución de: Homo homini lupus est. No es un capricho, es una sed de esclarecer, un dolor que se nos pega, una empatía por aquellos que en este momento llevan un duelo que no se ha quedado guardado tras la puerta o encerrado en un cajón.

“Nunca olvidaré esa fecha en que fui “invitada amablemente” a dejar la escuela” (Guzmán, E) ¿Cómo sería la invitación amable de estos 43? Esa amabilidad es lo que repugna.

Pudieron haber sido mis sobrinos, mis hijos, mis vecinos.

#Ayotzinapa ¡cómo no va a doler!

#43 conVidaYa

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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