Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Hablando de ella


Confesiones de sábado:

Muchas veces me siento como una cobarde. Porque aunque hay cosas que hago, me parecen tan nímias. Pero…

También he aprendido a buscar alternativas y respuestas. Luego de la etapa de shock, negación e ira, las cosas se fueron modificando. Cada cual tuvimos que romper los esquemas y reestructurarnos.

Cada quien habla desde su trinchera, algunos dicen que todo es terrorífico, otros que vale, es soportable. Porque todo tiene que ver con su tipo, su avance, su complejidad. Como sea un cáncer es un cáncer, con todas sus tenazas que describe Galeno.

Así que luego de llevar las cosas lo mejor posible, uno no puede olvidarse de que es únicamente expectador y que el protagonista en el escenario es el que debe recorrer su proceso. ¿Qué hacer? Pues intentar apoyar en lo que se pueda, así sin buscar tantas explicaciones. Luego de buscar y rebuscar los hechos, de darle un sentido, de pretender reajustar lo que uno considera en desajuste. Por mas que uno quiere hacer propuestas o crear conciencia sobre las cosas, donde no se quiere cambiar, no hay mucho que hacer.

Pero… los protagonistas son los encargados. Es en ese punto en el que una debe aprender a comprender que no está en el tablero, tan sólo en un lugar cercano.

Sin embargo, cuando esa palabra se hace presente, materializa no sólo la afectación de una persona, sino una marca que iniciará una larga cadena en la genealogía, un punto de ruptura de algo que no fue sanado a tiempo y que traerá repercusiones tan lejos como lo permitamos.

Entonces comenzamos a enfocarnos en pequeños detalles, como el hecho de buscar la risa y guardarla en sobres, en acumular instantes tales como una berrieta ante una pantalla de la tablet. Las alegrías compartidas de las tardes de café o té. De la escucha de esas continuas peregrinaciones a la sala de quimioterapia donde resulta que “hay historias peores” Entonces, como respuesta a esas inquietudes, nos volvemos un poco partícipes.

Así las imágenes de una nueva mascada, una piel menos enrojecida, una uña que no se ha enegrecido, una tarde sin incomodidades, una salida sin contratiempos, se vuelven pequeños logros. En donde además es preciso el ver si todo lo que se dice concuerda o hay cosas ocultas en el “todo va bien”.

Pero la vida es reto, y Schopenhauer no es buen consejero, así que mejor conservar la calma lo más posible, esperar que culmine esta etapa y hacerle frente a la que está en puerta y aprender a disfrutar lo que cada día nos ofrece.

¿A tí qué te hace feliz? Pues una probadita de felicidades ajenas.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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