Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Agujas y ganchos


“Me abracé a él, llorando a las mujeres – ciertas mujeres – incapacitadas para encontrar solas su interioridad, porque lamentablemente, yo soy una de ellas, de las que no logran, sino el reflejo de otra. Porque no he sabido mirarme de frente, porque he necesitado de otra femineidad – aunque fuese mi opuesta – para hacer mi propio relato”

Serrano, M.

6. ManosFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Ayer me topé con un grupo de mujeres, quizás unas quince, que tejían. Sí, en medio centro comercial, estaban ahí todas, de diferentes edades, unas con ganchos, otras con agujas.

Unas mostraban a otras sus avances, sus técnicas. Tenían la mesa llena de estambres e hilazas de colores fuertes: amarillos, verdes, bugambilia. Irremediablemente recordé a Papala y a Tita. Especialmente a Papala quien siempre cargaba su bolsa del tejido. Se les veía alegres, compartiendo ese momento en el que sus manos hilaban algo más que estambres, hilaban amistad, compañerismo, quizás hasta consejos o secretos.

Como siempre he sido metiche, me acerqué a preguntarles que si se reunían diario ahí, me contestaron que no. Sólo ese día.

Aún sigo maravillada con esas manos, las mujeres saben cómo sanarse. Confieso que me ha conmovido la visión idílica de las tejedoras.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

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